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A mi compañero de viaje
¡Me gusta tanto viajar contigo! Dios quiera que lo sigamos haciendo mucho tiempo, sin movernos de casa.


Por: Maria Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.net



Sabes cuánto me gusta viajar. Emprendimos esta andadura hace más de cincuenta años y aún seguimos recorriendo el mundo. Un mundo que ya no es el nuestro. Cuando empezamos todo era nuevo, desconocido, ahora estamos de vuelta. Ya no viajamos, pero seguimos juntos.

Ya no encontramos paisajes tranquilos, ni gentes sencillas. El asfalto facilita el rodaje, pero a nosotros nos gustaban los caminos pedregosos, difíciles de subir, y al final, en la cima, respirar a pleno pulmón y ensanchar el alma.

Hemos viajado de todas las formas posibles. En coche, siempre conduces tú, pero yo voy con el plano orientándote para que no te pierdas. Otras veces en avión, dejando volar nuestra imaginación, nuestros sueños e ilusiones, a paraísos tropicales que tanto nos gustan a los dos. Pocas veces en tren, parando en cada estación para coger fuerzas y seguir. A veces con el equipaje repleto, otras con lo puesto, pero siempre salíamos a la vez, casi siempre solos. No encontramos otros compañeros de viaje, con las mismas inquietudes.

Ahora que ya hemos recorrido mas de la mitad del camino nos damos cuenta los destinos que hemos alcanzado de los que teníamos previstos. Todos. Donde no hemos llegado ha sido porque no merecía la pena, no era el sitio adecuado.

Ya vamos despacio. No debemos fatigarnos. Nos paramos en pequeñas cosas que antes pasábamos por alto.

Has sido y eres un buen compañero de viaje. Nunca te has cansado, no te has quejado de las incomodidades, del peso de las maletas. Has llevado la mía para que no fuese cargada. Siempre puntual, con la ropa adecuada para el frío y un refresco helado en verano. A mi lado.

Cuando me has visto cansada, te has sentado, aunque tú hubieses seguido andando. Cuando me he quedado dormida, has puesto tu reloj para avisarnos.

No has escatimado ni esfuerzo, ni medios para que me sintiese cómoda en todo momento. No hemos ido siempre en primera, ni los hoteles han sido de cinco estrellas, pero en una pequeña pensión también nos hemos divertido.

Durante todos estos años hemos hecho todo lo posible para que nuestros hijos aprendan que hay que pagar el billete, sacarlo con tiempo, no dejarlo para el último momento, llevar el pasaporte actualizado y conducir con cuidado.

Gracias por este crucero sin barco, este pasaje sin avión, este viaje que comencé contigo hace tantos años y que continuaré siempre. Gracias por haberme enseñado tantas cosas nuevas, por haberme acompañado siempre impidiendo que me sintiese sola.

Basta ya de metáforas pero… ¡Me gusta tanto viajar contigo! Dios quiera que lo sigamos haciendo mucho tiempo, sin movernos de casa, en ese recorrido de vida que nos queda por explorar apoyándonos uno en el otro. Hemos seguido el camino que conduce a Él, porque sabemos que es el Camino, la Verdad y la Vida.





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