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Una antropología dialógica
Entrevista al Prof. D. Alfonso López Quintás


Por: Luis Javier Moxó Soto | Fuente: Catholic.net



El profesor D. Alfonso López Quintás es catedrático universitario y miembro de diversas Academias, entre ellas la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas. Es cofundador del «Seminario Xabier Zubiri» (Madrid), fundador del proyecto educativo Escuela de Pensamiento y Creatividad y doctor honoris causa de la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid). Para difundir su pensamiento se crearon la «Cátedra López Quintás de creatividad y valores» en la universidad Anáhuac Norte (México D.F.) y la «Fundación López Quintás para el fomento de la creatividad y los valores» (Madrid).

La Fundación López Quintás es una fundación cultural sin ánimo de lucro, que tiene por fin investigar, difundir y aplicar a diversas actividades el pensamiento filosófico y pedagógico del Dr. López Quintás. Su método dialógico-creativo de formación nos ayuda para descubrir el poder formativo de las diversas áreas de conocimiento que se cultivan en la enseñanza media, singularmente la literatura y el cine de calidad, las artes plásticas y la música. Ayuda de tal modo a cultivar los grandes valores -la unidad y el amor, el bien y la bondad, la justicia, la belleza, la verdad- que nos dispone el ánimo para humanizar la empresa, la medicina, la enseñanza, la política, la vida familiar...

EL Dr. López Quintás, posee una bibliografía muy extensa, más de 400 artículos suyos (otros sobre él), varias tesis doctorales dirigidas por él, (y otras sobre él), según indica en la web de la fundación que lleva su nombre.

Él tiene una personalidad muy rica, vivaz, amable, activa, y… disponible, desde la amistad. En el Seminario Claretiano, donde estudié hace más de treinta años, consultábamos mucha de su extensa obra. Posteriormente siempre que consultaba en mis estudios a Romano Guardini aparecía él como el introductor de su pensamiento en España. En las V Jornadas de Diálogo Filosófico, celebradas en Salamanca los días 20, 21 y 22 de octubre de 2005 tuve el gran privilegio de hablar con él en un encuentro muy enriquecedor y agradecerle su contribución al Congreso que allí celebramos sobre el tema “Religión y persona” donde tuvo una ponencia llamada “La experiencia estética, puerta de acceso a las experiencias filosóficas” y yo tuve también la oportunidad de realizar una comunicación titulada “El sentido religioso hoy. Pasos de conciencia. Huellas, ideal, experiencias y presencias”.

En la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, están recopilando todas sus obras agotadas en una Biblioteca Digital, y eso le exige revisarlas.

Me ha concedido un hueco en su apretada agenda para entrevistarle con ocasión de una de sus últimas novedades: La mirada profunda y el silencio de Dios. Una antropología dialógica (UFV, Madrid 2019), complemento de La ética o es transfiguración o no es nada (BAC, Madrid 2014). Dos amigos filósofos y misioneros claretianos, también conocidos y amigos del autor, me han ayudado en parte de las preguntas, José María Vegas (que fue profesor mío de Ética) y José Luis Caballero (antiguo compañero de comunidad formativa en ese centro). Además, finalmente el autor revisó y reordenó todas las preguntas y sus respuestas.

D. Alfonso, ¿hasta qué punto la estructuración que usted hace de la realidad y la conducta en niveles puede facilitar su comprensión, y en qué medida puede existir a la vez cierto riesgo de encerrarnos a veces en una visión parcial o no del todo científica? ¿Cuál es la pretensión básica de la Escuela de Pensamiento y Creatividad? ¿Nos falta creatividad o nos sobra rigidez?

Mi Escuela de Pensamiento y Creatividad tiende a cultivar un modo de pensamiento riguroso. Para ser riguroso, preciso, acorde a lo real, nuestro pensar debe ajustarse a los distintos niveles de realidad y a su lógica propia. Si intentamos analizar una realidad del nivel 2 o del 3 o del 4 con conceptos y esquemas mentales propios del nivel 1, que es el más elemental, lo confundiremos todo, y, lo que es más grave todavía, empobreceremos nuestra visión y comprensión de las realidades más valiosas y los acontecimientos más significativos de la vida humana.

Acomodarnos a las exigencias de cada tipo de realidad y de acontecimiento es la vía recta para conocer su grandeza y su fecundidad. Por eso subir del nivel 1 -el propio del manejo de objetos- al nivel 2 -el de la persona humana, el encuentro, la comunidad, la creatividad, la experiencia de diálogo personal y estético...- es uno de los acontecimientos decisivos de nuestra vida. En esta última obra lo destaco con energía. En el nivel 2 logramos un modo nuevo de libertad -la libertad creativa-, creamos formas más valiosas de unidad con las realidades del entorno, superamos diversas oposiciones y paradojas que frenan nuestro desarrollo personal...

Esta subida de nivel decide nuestro proceso de crecimiento como personas. Por eso, retener a niños y jóvenes en el nivel 1 significa para ellos un empobrecimiento injustificable. En el nivel 2 iniciamos nuestra vida de creatividad, de participación y de pensamiento relacional, porque en él todo se asienta en la relación.

 

Destaca usted en su obra que, a partir del nivel 2, para conocer de veras una realidad -por ejemplo, el encuentro, la amistad, la importancia de la vida comunitaria- debemos unir el conocimiento y la participación. ¿Nos conduce esto a algún tipo de irracionalismo?

Todo lo contrario. Potencia al máximo la inteligencia, y nos permite descubrir una fuente singular de conocimiento de las realidades más valiosas y elevadas. Me refiero a los «círculos virtuosos», a los que doy gran importancia a partir del capítulo XIII (p. 339). De aquí arranca la fecundidad de la Antropología relacional dialógica. Al analizar de modo penetrante, con «mirada profunda», las realidades correspondientes al nivel 2, observamos que la categoría de relación presenta una fecundidad sorprendente. Al irlo descubriendo, nos confirmamos en la necesidad de distinguir los distintos niveles y, sobre todo, la urgencia de acomodar nuestro modo de pensar a las condiciones de la lógica propia de cada uno de ellos. Entonces descubrimos la riqueza de cada tipo de realidad y de acontecimiento -o interrelación-, y nuestro proceso de crecimiento se hace cada vez más ilusionante.

Esos «círculos virtuosos» ¿tienen algo que ver con los «anillos de conceptos» de que hablaba en su tiempo Heidegger?

Sin duda, pero aquí enriquezco sus intuiciones con la teoría de los ámbitos de realidad o realidades abiertas. Son realidades donantes de posibilidades; al entrelazarse, se enriquecen y crean campos de juego, que son campos de luz. Eso implica que, al vincular entre sí diversos conceptos muy significativos, surja una fuente de luz que nos permite clarificar realidades muy altas. En el cap. XIII ofrezco ejemplos impresionantes de círculos virtuosos, muestro cómo se fundamentan y los aplico a la clarificación del complejo y delicado tema del «silencio de Dios». Visto de la forma que aquí expongo -con la mirada profunda que inspira ese círculo virtuoso-, el hecho de que Dios parezca guardar silencio ante nuestras súplicas angustiadas no sólo no nos aleja de El, sino que incrementa en nuestro interior un gran amor y una agradecida admiración ante la figura del Cristo silente en su pasión.

Igual que en obras anteriores, subraya usted en ésta que el nivel 2, el del encuentro personal y cultural, cobra todo su sentido cuando subimos al nivel 3, el de los grandes valores. ¿Puede ampliarme algo esta idea?

Los dos hitos del proceso de desarrollo personal son el encuentro y el ideal de la unidad. Vivir a fondo la experiencia del encuentro personal es abrirse a la fecundidad que adquieren las realidades abiertas -las personas, los grupos, las personas vinculadas a las realidades artísticas o literarias...- cuando se vinculan entre sí e incrementan sus potencialidades. El encuentro nos pone condiciones -vivir los grandes valores, que se convierten así en virtudes-, y, cuando lo hacemos, nos ofrece sus magníficos frutos: energía, luz, alegría, plenitud y felicidad.

Al observar que nos basta encontrarnos de veras para ser felices, nos decidimos a tomar el encuentro -es decir, la creación de modos elevados de unidad- como el ideal de nuestra vida, el principio de nuestro obrar. De la unidad se deriva el amor oblativo; éste genera bondad; la bondad se traduce en justicia -voluntad de dar a cada uno lo necesario para su desarrollo-, y esta justicia, así entendida, hace surgir concordia, armonía y belleza. Al optar por esos cuatro ideales, nos vemos situados en nuestra verdad de personas.

Una vez alcanzada esta meta ética, ¿es posible dar el salto al nivel 4, el propiamente religioso?

Indudablemente, pero en mi libro llegamos a la conclusión de que lo decisivo en el tránsito del nivel 3 al nivel 4 no es un salto, ni siquiera un paso, sino una transfiguración. Todo el proceso humano de crecimiento se debe a tres transfiguraciones básicas, tres conversiones de la actitud de egoísmo a una actitud de generosidad creciente.

a. El paso del nivel 1 al nivel 2 se realiza al transformar nuestra actitud egoísta en una actitud generosa.
b. Para subir del nivel 2 al nivel 3 debemos renunciar a ser generosos sólo con nuestros allegados, y abrirnos a todas las personas que se acerquen a nosotros. Con ello convertimos nuestra voluntad de unidad en el ideal de nuestra vida.
c. Si acogemos la palabra del Evangelio que nos manda amarnos con amor oblativo -amor de ágape- y participamos así del tipo de amor que constituye el ser de Dios, estamos en Dios y Dios en nosotros (1 Jn 4, 7-8, 16; Jn 14, 22-23).

¿Cómo podemos todos vivir con una razón abierta a la fe, y una fe abierta al razonamiento propio del atrio de los gentiles, buscando lo común con todos y no lo que nos divide?

Realmente, mis dos últimos libros amplios -La ética o es transfiguración o no es nada; La mirada profunda y el silencio de Dios- son, de hecho, un ejercicio de colaboración entre los dos modos de conocimiento: el de la razón iluminada por la experiencia de participación en las realidades de los niveles 2 y 3 y el de la razón iluminada por la palabra revelada (nivel 4). En la primera obra analicé muy ampliamente los diversos modos de transfiguración que vivimos en nuestra vida creativa -niveles 2 y 3-. Y en la segunda asumí todo lo anterior para lograr una lectura genética de cuanto nos dice la Escritura sobre la habitación de la Trinidad en quienes acogen sus palabras, que nos instan a amarnos con el mismo de amor con que El nos amó, el amor de ágape o dilectio que constituye la esencia de su ser. (Jn 13, 34-35, 1 Jn 2, 3-6; 1 Jn 4, 7).

¿Cómo sería posible aunar más puntos y esfuerzos comunes entre creyentes y no creyentes, respecto de temas tan fundamentales como son la vida, el matrimonio, la familia, y optar más por la equidad que por el igualitarismo, por lo que nos une más que por lo que nos separa?

En el Epílogo a mi obra La mirada profunda y el silencio de Dios, págs. 490-516, expongo el método formativo que se desprende del planteamiento realizado en mis dos últimos libros extensos. Es el método con que abordé el análisis de tales temas en estas obras: El amor humano (Edibesa). El secreto de una vida lograda (Palabra), El descubrimiento del amor auténtico (BAC). En ellas queda patente que, si pensamos con rigor -es decir, conforme a las exigencias de la lógica propia de las realidades de cada uno de los cuatro niveles positivos-, llegamos a concebir la moral familiar de un modo semejante al que se postula en la Teología moral católica. Una vez que descubrimos la condición relación dialógica de la vida personal, estamos bien dispuestos para sintonizar con la concepción católica de la vida matrimonial.

¿Podemos decir que se piensa hoy bien entre nosotros? ¿Cuáles serían nuestras principales carencias? ¿Tenemos referentes válidos? ¿Qué autores de talla internacional y en el ámbito hispano debemos tener en cuenta?

En algunas obras dejé constancia muy concreta a) de tales carencias y b) de los aciertos con que algunos autores nos ayudaron a mejorar nuestra metodología. Entre otras obras, piénsese, respecto a lo primero, en El pensamiento filosófico de Ortega y d´Ors, y, en cuanto a lo segundo, en la Metodología de lo suprasensible, El triángulo hermenéutico, Cinco grandes tareas de la filosofía actual, Romano Guardini y la dialéctica de lo viviente, El poder del diálogo y el encuentro, Inteligencia creativa...

Acerca de su concepción de los procesos de éxtasis y de vértigo, ¿es posible que una persona llegue a degradarse tanto que pierda la noción del sentido de la vida?

Si tenemos en cuenta cuanto explico en mis últimas obras sobre la vinculación del conocimiento y la participación -es decir, la experiencia viva de lo que se quiere conocer-, se comprende que el proceso de vértigo -que implica el dejarse llevar de la seducción o fascinación- nos deje ciegos para cuanto supone creatividad, sentido, valores e ideales... De ahí la necesidad de que los jóvenes conozcan con precisión que el vértigo es un proceso espiritual que, al principio, nos promete una exaltante plenitud, no nos exige nada y, al final, nos lo quita todo. Conocer esto a fondo -como lo explico en la obra Vértigo y éxtasis-, es decisivo para evitar la entrega a los procesos de fascinación que generan las distintas adicciones destructivas. Por no tenerlo en cuenta, algunas potentes instituciones consagradas a la benemérita labor de prevenir la drogadicción no logran la eficacia que sería de esperar.

En estos tiempos convulsos y confusos para la fe ¿ve usted motivos para la esperanza?

Comencé el libro último -La mirada profunda y el silencio de Dios- recordando que, según manifestó un periodista alemán al Papa emérito Benedicto XVI, «es opinión común hoy día que el cristianismo se halla agotado, al modo como se agotaron algunas culturas antiguas» (Cf. Benedicto XVI y Peter Seewald: Luz del mundo, Herder, Barcelona 2010, 70ss.). Al final de la obra, concluyo que, lejos de estar agotado actualmente, nos hallamos en un momento propicio -un verdadero kairós- para vivir y difundir el mensaje cristiano con más autenticidad y vitalidad que nunca. Pero con una condición: que sigamos un método adecuado para ello. Adecuado es, a mi leal entender, el que expuse en la obra Descubrir la grandeza de la vida (Desclée de Brouwer) y cuyas líneas maestras esbozo en el Epílogo de mi libro más reciente.

D. Alfonso, muchas gracias por dedicarnos este tiempo. Esperamos en catholic.net que su método formativo sea aplicado también al perfeccionamiento del ser humano en diferentes aspectos de la vida.

Afortunadamente, está siendo aplicado a las tutorías escolares, a la humanización de la medicina, a la orientación humanista de la empresa, a la formación de la juventud para el amor, a la labor catequética, al descubrimiento del poder formativo de la literatura y el cine de calidad...





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