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La regla del 80/20
La actitud que tomamos ante las diferentes situaciones que nos suceden, dicen demasiado, marcan el camino de principio a fin


Por: Daniela Sandí | Fuente: Blog A contracorriente



Hace unas semanas, por una tarea de un curso me correspondió buscar sobre El Principio de Pareto, o mejor conocida como la Regla del 80/20; esta dice en términos generales (sin minimizar a Vilfredo Pareto) que el 80% de la riqueza de una población pertenece al 20% de esta; o que el 80% de las consecuencias vienen solo de un 20% de las causas; o sea, nos centramos en las causas.

¿Y a qué viene todo esto?

A que entonces el 80% de lo que hacemos/nos sucede (consecuencias) viene de un 20% de nuestras actitudes (causas). Vamos a ver si logro explicarme mejor, porque de pronto podríamos pensar “ah pero un 20% es poco, no influye”; ¡No! Justamente ahí reside todo, en ese 20% que lo cambia todo, el 20% será nuestra actitud ante la vida y el 80%, pues será aquello que suceda.

La actitud que tomamos ante las diferentes situaciones que nos suceden, dicen demasiado, marcan el camino de principio a fin; y dejo un ejemplo sencillo, justo hoy para que lo pongamos en práctica mañana; ¿con qué actitud inicia una semana? ¿refunfuñando porque el fin de semana se terminó y de nuevo es lunes; o agradecida (o) porque sigue con vida?

Sé que lo anterior puede parecer más de lo mismo, pero es que la actitud nos marcará ese 80% de resultados. La manera en cómo se afronten las situaciones, influirá en el resultado.



No podemos tener frutos sin esfuerzo, la vida no es así, para llegar a ese 80% se requiere una cuota de esfuerzo continuo.

Con todo esto, no es que haya descubierto el agua tibia; pero es que para todo lo que hagamos en la vida la actitud lo marcará; ganar un curso, conseguir un trabajo, terminar una carrera universitaria, ser constante en un deporte, subir o bajar de peso, mantenerse en una relación de pareja; todo es cuestión de actitud.

Y lo más importante, es que no estamos solos en el mundo, y mi actitud va a influir en otras personas; la manera en cómo yo me presente ante el mundo todos los días, va a impactar positiva o negativamente a las personas que me rodean.

Cierro con un poema de Mario Benedetti, en el que encierra muy bien este tema de la actitud.

La gente que me gusta



Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.

Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto. Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada. Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera. Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. La gente que lucha contra adversidades. Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen. Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Artículo publicado en el Blog A Contracorriente





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