Menu



10 de junio de 2019

Cristo maestro
Santo Evangelio según San Mateo 5, 1-12. Lunes después de Pentecostés: Santa María, Madre de la Iglesia


Por: H. Jorge Alberto Leaños García, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Busco un momento en donde pueda hablar con toda confianza. Para eso, te pido la gracia que pueda encontrar en Ti a la persona que me enseñe a ser un auténtico discípulo tuyo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:

Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cristo, como verdadero Dios, es capaz de enseñarnos la sabiduría que sobrepasa la comprensión humana. Pero, al mismo tiempo, la humanidad de Cristo experimenta, vive y siente como verdadero hombre. Él nos enseña, como un hermano, padre y amigo... más aún, como un hermano que está a nuestro lado, como un padre que nos comprende, como un amigo que nos acompaña en las buenas y en las malas.

En las bienaventuranzas, Él intenta abrirnos los ojos para darnos cuenta de que los pobres de espíritu, con gran sencillez y humildad, logran conquistar el cielo. Esto cambia nuestra mentalidad pues, más que inversiones terrenas, lo que necesitamos es una inversión a largo plazo, en donde las ganancias se reciben después de una vida de entrega. El cielo no se gana con riquezas humanas, sino que se gana con la pobreza de espíritu, que nos ayuda a valorar correctamente los bienes de esta tierra y del cielo que tenemos prometido.

Los que lloran o sufren injusticias tienen la oportunidad de confiar y alimentar una esperanza que se sustenta en Dios mismo. Éste es el arte de esperar contra toda esperanza. Se puede encontrar a quienes derraman lágrimas sin la esperanza de volver a sonreír. Es así como podemos sentir el abandono. Pero saber llorar es ser consciente del dolor que se vive y, al mismo tiempo, creer que hay un futuro, un camino que Dios tiene preparado.

Cristo también nos habla de los limpios de corazón. Cuánto se agradece una mirada pura, un corazón limpio. Éstos son los que son capaces de ver a través del corazón de Cristo. Son aquellos los que pueden ver la dignidad de cada persona, pues ven a través del amor a Dios que habita en cada hombre y mujer.

En fin, se pueden aprender tantas cosas de Cristo: El perdón que solo se da libremente..., el cómo ser portadores de esperanza..., etc. Es así como todos podemos asimilar de Cristo la verdadera sabiduría. Podemos percatarnos que nuestra forma de pensar puede ser muy diversa a la de Él. Pero esto es una invitación para poder orientar nuestro deseos y actitudes en esta vida, y que algún día podamos oír que se nos diga: «Bienaventurado».

«Al ver a la multitud, Jesús encuentra el rostro de la gente que lo seguía y lo más lindo es ver que ellos, a su vez, encuentran en la mirada de Jesús el eco de sus búsquedas y anhelos. De ese encuentro nace este elenco de bienaventuranzas que son el horizonte hacia el cual somos invitados y desafiados a caminar. Las bienaventuranzas no nacen de una actitud pasiva frente a la realidad, ni tampoco pueden nacer de un espectador que se vuelve un triste autor de estadísticas de lo que acontece. No nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusión. Tampoco de espejismos que nos prometen la felicidad con un “clic”, en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón compasivo y necesitado de compasión de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando “se te mueve el piso” o “se inundan los sueños” y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar.»
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de enero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy trataré de vivir conscientemente una de las bienaventuranzas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!