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Es duro este camino
La vocación es y será un tema crucial.


Por: Germán Sánchez | Fuente: USMI



La cuestión de las vocaciones es tema crucial en muchas Congregaciones e Institutos de vida consagrada. Inútil resulta traer a cuento la situación de las vocaciones: tema demasiado trillado y demasiado molesto... para algunos.

Sin embargo para la gran mayoría es tema crucial, de vida o muerte. Las perspectivas para el futuro no dejan mucho lugar a la esperanza: con una media de edad que frisa en los setenta años, clausura de innumerables obras de apostolado y comunidades, cansancio no sólo físico sino espiritual en muchos de sus miembros, se vislumbra un final cercano.

Ante este panorama es lícito preguntarnos: ¿Existen aún las vocaciones? ¿Es posible que Dios siga llamando en nuestros tiempos? ¿Dios puede aún atraer a jóvenes del postmodernismo que gozan de bienes materiales y libertad sin medida?

Y ante esta pregunta podemos responder de muchas maneras: con análisis sociológicos, con estudios psicológicos con profundidad. Pero, ¿por qué no revisar lo que dice la Iglesia? Quizás saquemos alguna luz sobre el futuro de las vocaciones para los Institutos femeninos de vida consagrada.

"El estado de quienes profesan los consejos evangélicos en esos institutos pertenece a la vida y santidad de la Iglesia, y por ello todos en la Iglesia deben apoyarlo y promoverlo" (CIC 574)1. El estado de vida consagrada no es un estado autónomo o "agregado cultural" a la Iglesia, pertenece a la esencia misma de la Iglesia, tal y como lo explica la exhortación apostólica Vita Consecrata (VC): "La vida consagrada enraizada profundamente en los ejemplos y enseñanzas de Cristo, el Señor, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Espíritu" (VC 1)2. Pertenece por tanto al patrimonio de la Iglesia el estado de vida consagrada. No está sujeto al tiempo, al interés personal, a ninguna circunstancia ajena al aspecto humano, sino que hunde profundamente sus raíces en la misión de la Iglesia. Por la Iglesia, para la Iglesia y en la Iglesia. Es así como debe entenderse la vida consagrada. Y partiendo de esta concepción podemos ligar, sin temor a equivocarnos, el futuro de la vida consagrada con el futuro de la Iglesia.

¿Pretencioso o fuera de lugar esta propuesta? Si Cristo ha querido asociar a sí mismo a hombres y mujeres que a lo largo de la historia quieran compartir con Él, la vida que eligió llevar en este mundo, no podemos pensar que esta asociación se realice sólo para un tiempo y lugar determinados. Las características culturales podrán cambiar, las necesidades sociales podrán ser diversas, la psicología de hombres y mujeres podrán modificarse al paso de los siglos, pero la invitación de Cristo para seguirlo más de cerca, a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia es la misma, ayer, hoy y siempre.

Y nuestra seguridad nos viene de la misma invitación que Cristo lanza a hombres y mujeres para seguirlo: una atracción que ejerce un poder encantador, un salir de sí mismo después de contemplar la belleza de Cristo. Es cierto que hay circunstancias más adversas o más favorables para escuchar este llamado, para sentirse atraído por la persona de Cristo. Una vida familiar en donde reinen los valores evangélicos puede ser un campo más propicio que un ambiente familiar dividido o destrozado por el divorcio o formas de vida ajenas a los valores humanos y cristianos. Una escuela católica en donde se inculcan principios sólidos y perennes desde la infancia, puede ser un ambiente más adecuado para acoger la llamada que en una escuela en donde la instrucción es el eje y centro del currículum y la formación queda relegada a un segundo puesto o completamente descuidada. Unas amistades que buscan vivir de alguna manera los mismos valores humanos basados en la moral católica, dejan una huella indeleble que servirá de mejor receptáculo que unas amistades alejadas de los valores morales. Pero, ¿podemos negar la acción de la gracia? ¿Es que Cristo no llamó a un san Pablo camino de Damasco? (Hch. 9, 1 - 19).

La base de toda vocación es la llamada de Dios a una persona para dejarse atraer por la figura de Cristo y seguirla sin ataduras.3 Pensar que ya no existen vocaciones es pensar que Dios no sigue llamando, que Cristo ya no es capaz de ejercer ningún atractivo sobre las personas. Por lo tanto el problema de la pastoral vocacional, de hablar de vocaciones hoy en día no debe poner tanto énfasis en los medios, las personas, las circunstancias culturales en las que vivimos y toda esa retahíla de cosas que ya es bien sabida por nosotros. El énfasis lo debemos poner en nosotros, personas consagradas: ¿Creemos que Cristo aún es capaz de ejercer un atractivo? ¿Creemos que Cristo continúa llamando a las personas para seguirlo en una vida de pobreza, castidad y obediencia, porque hay una misión que cumplir? ¿Creemos que nuestra vida tiene sentido en la medida en que nos dejamos atraer por Cristo y que de alguna manera Cristo mismo puede valerse de nosotros para que otros se acerquen a Él? ¿Creemos que este es un camino difícil y por ello nos espanta, nos da miedo, bajamos la guardia y nos dejamos morir sin haber ni siquiera intentado ir a la batalla?

NOTAS
1 Código de Derecho Canónico, 1983, Editorial Vaticana.
2 Juan Pablo II, Exhortación postsinodal Vita consecrata, 1996, EDB, Bologna 1996
3 Pier Giordano Cabra,Le icone della vita consacrata, Ed. Queriniana, Brescia, 2002, 2°. Ed. "All´origine di ogni speciale vocazione si afferma chiaramente che c´è il dono di una comprensione peculiare del mistero di Crsito. A qualcuno è dato in dono di comprendere il mistero di Cristo sotto una luce tutta speciale: Cristo appare a costoro in tutto il suo splendore del <>, come l´unico. Si è qui in presenza di una quasi folgorazione, di un lampo divino che tocca le radici dell´essere e la profondità del cuore di alcuni... Ogni seguimi, ogni vocazione... presuppone che Colui che ciede tutto si manifesti prima per quello che è, in modo da convincermi che le sue pretese non sono fuori posto, che cioè egli merita questo mio lasciare tutto per lui.




 

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