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"Si no perdonan de corazón a su hermano, tampoco el Padre celestial los perdonará a ustedes"
Meditación al Evangelio 26 de marzo de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



De un modo magistral San Mateo pone en boca de Jesús toda una dinámica que refleja la situación de la persona que no ha sabido asumir una nueva actitud. Es la agresividad del pobre que lucha contra su patrón pero que el día que tiene una pizca de poder, se convierte en déspota e intransigente como el que más.

El perdón, la capacidad de perdonar, es un signo de la madurez de la persona y una señal del discípulo de Jesús. Lo que más oscurece la armonía interior es la incapacidad de perdonar. Y es curioso porque a quien hace más daño el rencor es a quien lo lleva en su corazón.

Con frecuencia sólo asumimos actitudes pasivas frente al rencor que nace en nuestro corazón y decimos que perdonamos pero que no olvidamos, es decir, que estamos esperando una oportunidad para el desquite, que por el momento nos aguantamos pero que no perderemos la ocasión de tomar venganza.

No se trata de poner en el olvido, sino de siendo conscientes de la injusticia que hemos recibido, asumir que la ofensa que hemos recibido, injusta y cometida contra nuestra persona, la ponemos en manos de Dios, tratamos de mirar con sus mismos ojos y no buscamos ningún desquite contra el agresor, pero tampoco quedamos con el corazón podrido.

Sólo quien se pone delante de Dios que perdona es capaz de perdonar. La narración pone en evidencia las dos actitudes y reflejan lo incongruentes que somos. Dios, que no nos ha hecho ninguna ofensa ni ha sido causa de ningún agravio, es capaz de darnos el perdón a nosotros que sin razón lo hemos ofendido. Jesús no está hablando de cualquier patrón, está hablando del mismo Dios Padre misericordioso que es capaz de perdonar las deudas más grandes y los peores pecados.

Él es capaz de recibir y aceptar nuevamente al pecador, no lleva cuentas de los delitos, ni lo está acechando para sorprenderlo en el pecado, sino que ofrece nuevamente la posibilidad de su amor incondicional a quien se vuelva a Él. Sólo cuando nos asumimos perdonados gratuitamente por Dios, podemos entender que lo que espera de nosotros también es un perdón gratuito.

Pero es curioso, cuando logramos asumir una actitud de perdón, encontramos una armonía y paz interior que nos hace parecidos a nuestro Padre Dios. ¿Por qué no perdonar si al final de cuentas salimos beneficiados?







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