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"Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto"
Meditación al Evangelio 16 de marzo de 2019 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



Si observamos a los niños y a los jóvenes fácilmente descubriremos que muchas de sus actitudes brotan de los ejemplos que han visto en su vida y que ellos buscan imitar. Todas las personas estamos influenciadas por las conductas de los demás y nos proponemos modelos que nos ayudan a buscar nuestra propia personalidad.

Claro que siempre le ponemos nuestra propia impronta y lo hacemos a nuestra manera. En estos días de cuaresma, conversión significa recuperar el ideal que nos proponemos para nuestra vida. Cristo nos lanza a no quedarnos cortos en nuestras aspiraciones sino a buscar el mejor modelo que podemos imitar: “Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto”. Es un modelo que nunca podremos superar y que siempre nos estará lanzando a buscar mejorar. En estos días miremos nuestro modelo y después miremos nuestra vida para comprobar si vamos cada día pareciéndonos más a nuestro Padre Dios.

Cristo pone como una piedra de toque para saber cuánto nos parecemos a Dios: el perdón y el amor a los enemigos. Es de lo más difícil. Porque amar a los que nos aman no cuesta ningún trabajo, antes es agradable, pero perdonar y amar a los que nos han hecho algún daño, realmente es difícil. Sin embargo, nada hay que dañe tanto a un corazón como el odio y el rencor. Es un gusano que corroe, que destruye y que aniquila.

No se puede ser feliz cuando se tiene en el corazón el odio. Los más dañados somos nosotros mismos. Por eso en este día, busquemos estar en paz, pidamos al Señor que nos enseñe a perdonar y que purifique nuestro corazón.

La primera lectura (Deuteronomio) nos insistía en que somos un pueblo propiedad del Señor, somos consagrados al Señor. Si reflexionamos en esta gran verdad, tendremos que revisar si nuestro corazón está realmente al servicio de Dios, “apartado” para hacer su voluntad, o si hemos permitido que se apodere de él el rencor.

Pidamos a Dios que nos conceda la gracia de saber perdonar y nos dé la armonía del corazón.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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