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No sirve de nada
Evidentemente la Cuaresma no es solo penitencia, ayuno y abstinencia de comer carne


Por: María Luisa Martínez Robles | Fuente: Catholic.net



Estamos en Cuaresma. Antiguamente era un tiempo de penitencia, digo antiguamente, porque ahora no comer carne o ayunar tiene otro significado. Si  no comemos  carne y comemos  marisco, o estamos a dieta para adelgazar, no estaremos siguiendo el objetivo de la Cuaresma.

Evidentemente la Cuaresma no es solo penitencia, ayuno y abstinencia de comer carne.

Pensemos más bien en ayunar de decir palabras hirientes, de mentir, de envidiar, de ridiculizar.

No sirve de nada que hagamos penitencia, pongamos
cara triste y ayunemos si nos olvidamos de ayudar a los demás, consolarles y escucharles.

Hagamos penitencia privándonos de lo que nos gusta, haciendo lo que le gusta a los que nos rodean. Empleemos nuestras capacidades para suplir las torpezas de los demás, sin avergonzarles. Utilicemos nuestra fuerza para sostener a los débiles. Sin pedir nada a cambio, aunque nos cueste.



No sirve de nada si no perdonamos, tenemos pereza y no aprovechamos el tiempo de Cuaresma para renovarnos, rezar y perdonar. Todo ello con alegría, con una sonrisa y palabras amables.  

Arrepentirnos y proponernos empezar de nuevo, coger fuerzas en la oración diaria , en la Eucaristía y en la lectura del Evangelio. Si leyéramos el Evangelio, pero sobre todo entendiésemos lo que nos dice, encontraríamos la respuesta a las dudas de nuestra existencia. Veríamos claro el camino a seguir, entenderíamos que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. No olvidemos que la Verdad nos hace libres.

Este texto de San Mateo nos explica la manera de comportarnos: con alegría, sin grandes demostraciones, con sencillez.

Texto del Evangelio (Mt 6,1)
Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

“Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.



Aprovechemos esta Cuaresma para empezar de nuevo nuestra vida espiritual. Con nuevos proyectos y energías renovadas. Pensemos lo que deberemos cambiar y hagámoslo. No nos aferremos a lo material, a la frustración. Cambiemos, no miremos atrás, caminemos hacia adelante con la seguridad de que no vamos solos. Él nos acompaña.





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