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Signo y significado
Santo Evangelio según San Lucas 11, 29-32. Miércoles I de Cuaresma


Por: H. José Alberto Rincón Cárdenas, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, abre mis ojos para saber interpretar el signo con el que vienes a mí cada día.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La incredulidad; quizás sea ésta una de las faltas más graves de todo tiempo. Su raíz no es otra que la indiferencia. Y nuestra sociedad es muy indiferente. Como no sé realmente si lo que percibo es la verdad, prefiero pasar de largo, optar por no tomar partido. ¿Es ésta también mi actitud delante del crucifijo?

Dios continúa hablando a los hombres. Es más, no ha dejado de hacerlo desde que Adán caminó por el jardín del Edén. No obstante, los hombres no lo escuchamos. Podría decirse que nuestros ojos están vendados, o bien que no sabemos leer los signos divinos. Clamamos al cielo pidiendo que se nos envíe una señal. ¡Ciegos! ¡Sordos! ¡Duros de corazón!

Dios ha hablado ya su última palabra, la única que merece nuestra total confianza. ¿Y cuál es, sino la cruz? Ése es el signo del Hijo del hombre. Así como Jonás pasó tres días en el vientre del animal, el Hijo de Dios había de pasar tres días en las entrañas de la tierra. Ése es el significado. Por eso san Pablo se gloriaba solamente en la cruz de Cristo, pues en ella encontraba la verdadera causa de su felicidad y la certeza de la redención.


La generación de tiempos de Jesús no entendió la cruz; no entendió ni el signo ni el significado. La pregunta que debemos hacernos es si nuestra generación, después de 2000 años de testimonio en favor de la cruz, ha comprendido ya el signo que su Señor le dejó, y el significado de amor que conlleva.

«Esta Jornada Mundial de la Juventud es una oportunidad única para salir al encuentro y acercarse aún más a la realidad de nuestros jóvenes. Realidad llena de esperanzas y deseos, pero también hondamente marcada por tantas heridas. Con ellos podremos leer de modo renovado nuestra época y reconocer los signos de los tiempos porque, como afirmaron los padres sinodales, los jóvenes son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor nos da a conocer algunas de sus expectativas y desafíos para construir el mañana. Con ellos podemos visualizar cómo hacer más visible y creíble el Evangelio en el mundo que nos toca vivir; ellos son como termómetro para saber dónde estamos como comunidad y sociedad.»
(Discurso de S.S. Francisco, 24 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Me tomaré un momento en el día para arrodillarme delante del crucifijo y reflexionar qué tanta importancia le doy en mi vida al signo con el que Dios se me quiso revelar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:




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