Menu


Comentario a la Liturgia VII Domingo TO C
¿Cómo podré yo vivir esto que el maestro me propone?


Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net



En la liturgia de este domingo encontramos en el Evangelio un conjunto de dichos y enseñanzas de Jesús que recoge el evangelista Lucas y los coloca en un discurso que dice Jesús durante su ministerio en Galilea. Él ya ha elegido a los doce, ya ha mostrado que es capaz de curar a los enfermos y de liberar a los endemoniados. Ahora presenta una serie de propuestas éticas para vivir.

En este discurso Jesús nos invita a amar a nuestros enemigos, a hacer el bien a los que nos aborrecen, a bendecir a los que nos maldigan y a orar por los que nos difamen. Solo de escuchar esta primera frase del discurso nos podemos preguntar: ¿Cómo podré yo vivir esto que el maestro me propone? ¿Cómo amar a todos aquellos que me han hecho daño cuando en el interior quisiera que se haga justicia?

El discurso de Jesús en el llano presentado por Lucas está sintetizado en la frase que la liturgia coloca en el aleluya: Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Él fue quien nos enseñó el camino con su propia vida y su propio ejemplo. Pero no solo eso. Él fue el que nos alcanzó la posibilidad de vivir así, de responder así a los enemigos, de amar de esta manera tan plena.

Para entender mejor esta realidad es bueno tomar la segunda lectura de la liturgia de hoy de la carta de Pablo a los corintios. En ella Pablo hace una comparación del primer hombre, Adán y el último hombre, Jesús. Ahí nos podemos ver reflejados nosotros. Sabemos que somos como aquel primer hombre. Somos puramente humanos, hechos de tierra. Nuestro barro nos hace débiles y frágiles y por lo tanto incapaces de amar como Dios ama.

Sin embargo, la buena noticia viene en el mismo texto pero más adelante. San Pablo indica que somos semejantes al hombre terreno pero que también seremos semejantes al hombre celestial. Será Jesús, nuevo Adán, descrito como espíritu que da vida quien nos dará su Espíritu. Ese Espíritu es el que nos hará capaces de ser celestiales, es decir, de ser como Dios en lo que respecta al amor.



Jesús nos invita a ser misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso. Pero no nos pide solo imitarlo sino que ser como Él, es decir, ser en Él. Y para ello tenemos que ser invadidos constantemente por su Espíritu. La vida de Dios que es el amor habitará en nosotros en la medida que nos dejemos invadir por Él, por su amor y por su misericordia.

Y por ello es importante vivir en nuestra propia vida lo que nos dice el salmo. El salmista ha experimentado el amor y la misericordia de Dios y se dice a sí mismo, a su alma, que bendiga al Señor y que jamás olvide los beneficios recibidos por parte suya. Ha experimentado que Dios no lo ha tratado como merecen sus culpas ni le ha pagado según sus pecados. Más bien, al contrario, el Señor ha sido compasivo.

Habiendo experimentado la compasión de Dios y la misericordia del Padre entonces sí seremos compasivos con los demás. El Espíritu del Señor habitará en nosotros por la misericordia y amaremos como Él ama. Pidamos pues este don al Señor este domingo. Que nuestro Adán terreno sea invadido por el Adán celestial y por lo tanto seamos semejanza de Aquél que ama sin medida, Jesús, Nuestro Señor.

Terminemos con una oración: «Padre de bondad, somos Adán, hemos sido hechos de barro. Nuestra vida terrena necesita ser invadida por la vida celestial que nos ofrece el nuevo Adán, Jesús. Llenos de su Espíritu podremos amar a nuestros enemigos como nos lo pides tu. Amén.»







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!