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Una bendición para todos
Santo Evangelio según San Marcos 8, 14-21. Martes VI del tiempo ordinario


Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Dame tu gracia, Señor, para que realmente sepa distinguir lo accidental de lo esencial, de modo que sólo te ame a Ti y lo que Tú amas.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 8, 14-21

En aquel tiempo, cuando los discípulos iban con Jesús en la barca, se dieron cuenta de que se les había olvidado llevar pan; sólo tenían uno. Jesús les hizo esta advertencia: “Fíjense bien y cuídense de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”. Entonces ellos comentaban entre sí: “Es que no tenemos panes”.

Dándose cuenta de ello, Jesús les dijo: “qué están comentando que no trajeron panes? ¿Todavía no entienden ni acaban de comprender? ¿Tan embotada está su mente? ¿Para qué tienen ustedes ojos, si no ven, y oídos, si no oyen? ¿No recuerdan cuántos canastos de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres?” Ellos le contestaron: “Doce”. Y añadió: “Y cuántos canastos de sobras recogieron cuando repartí siete panes entre cuatro mil?” Le respondieron: “Siete”. Entonces él dijo: “¿Todavía no acaban de comprender?”

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Conforme va pasando el tiempo y vamos escuchando la liturgia nos preguntamos qué fue lo que tenían que entender los discípulos. Hoy en día esas cifras no nos dicen nada; lo más fácil es pensar que les reprocha que no les va a faltar el pan, pero después de muchos años escuchando este Evangelio, me viene inmediatamente a la mente los dos números mencionados. Uno nos recuerda rápidamente cuando san Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces ha de perdonar a su hermano. Dios nos dice siempre, qué es lo que se entiende con el siete; el otro número nos recuerda a las doce tribus de Israel y, con ellos, a toda la humanidad.

¿Cómo relacionamos todas estas ideas? Es algo complejo, pero podemos ver cómo Dios nos dice el día de hoy que no tengamos que preocuparnos de lo que nos falta, que Él siempre proveerá, que dejemos de discutir por el pan, pues Él no se descuida de nuestras necesidades. Lo que nos pide hoy es que no nos dejemos llevar por el pecado; que nuestras compañías no nos inviten a vivir en la hipocresía de los fariseos que hacen todas las cosas de cara a los demás, pero que detrás hacen todas las atrocidades que les parecen; y que tampoco seamos como la levadura de Herodes, que ya está tan metida en el pecado que no quiere salir.

¿Y los que viven con estas levaduras? Son tus hermanos, así que, en lugar de criticarlos, tenemos que ayudarlos para que ellos tampoco tengan esa levadura, y así amen ellos, también, a Dios y sean santos. Pero no hay que corregirlos de cualquier modo, sino como decía uno de los primeros generales de los jesuitas: «suave en la forma, fuerte en la cosa»; que quiere decir: corregir de modo suave y sólo en las cosas importantes.

«Estar necesitado, tanto en el cuerpo como en el alma. Necesidad de cuidado, de curación, tener necesidad de amor. Aquí se ven dos actitudes. La de Dios es siempre gratuita: para salvar Dios no pide pagar nada, es gratuito. Buenos y malos: todos, todos, porque la gratuidad de Dios no tiene límites: todos, Él recibe a todos. En cambio, aquellos que tienen sus propios intereses no entienden la gratuidad.»
(Cf Homilía de S.S. Francisco, 7 de noviembre de 2017, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscar ayudar a un amigo o compañero en corregir un error, haciéndolo del modo más amable posible y sin esperar nada a cambio.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





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