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Grandeza y pequeñez
Santo Evangelio según San Marcos 6, 1-6. Miércoles IV del tiempo ordinario


Por: H. Adrián Olvera, L.C. | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, dame la gracia de descubrir tu grandeza en las cosas sencillas.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados.

Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Es interesante cómo muchas veces decimos con nuestra boca que creemos, pero nuestro corazón está muy lejos de creer. «Dios es grande, es maravilloso» –solemos decir– pero cuando vemos su forma sencilla de actuar, su manera tan simple de entrar en contacto con nosotros, nos solemos preguntar, ¿será Él? ..., ¿esto que me está pasando vendrá de Dios?

No nos es fácil reconocer la grandeza de Dios en las cosas sencillas pues a veces creamos un concepto de Dios que no es Dios. A veces creemos en un Dios grandioso, omnipotente, pero que está allá arriba en su trono celestial, que no se preocupa por las insignificancias de mi vida, por los pequeños problemas que me suceden o de las pequeñas y sencillas alegrías que me circundan.

Parte de la grandeza de Dios es, en efecto, su sencillez, su humildad. Es verdad, sorprenden sus palabras, pero son palabras que solamente las comprende el corazón de la gente sencilla. Nos impresionan sus milagros, pero solo los sencillos son los que se dejan curar.

Grandeza y pequeñez, son dos cosas que, en Dios, misteriosamente se identifican.

Así que cuando digamos «Dios es grande, es maravilloso», creamos que esa grandeza la puedo descubrir en mi vida, en mi día. ¡No dejemos que su sencillez nos escandalice!

El Dios que es grande, eterno, todopoderoso…, el que quiere entrar en la sencillez de mi vida, ése es el verdadero Dios.

«La grandeza más grande se expresa en la pequeñez más pequeña y más dramática: esto es el misterio del amor de Dios, de este amor que el Señor nos enseña a poner más en los hechos que en las palabras. Es un amor total y el símbolo es un corazón atravesado: así podemos entender también el recorrido cristiano. De hecho, cuando Jesús quiere enseñarnos cómo debe ser la actitud cristiana nos dice pocas cosas, nos hacer ver ese famoso protocolo sobre el cual todos nosotros seremos juzgaos: Mateo 25.»
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de junio de 2018, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Pondré especial atención en los quehaceres de mi día para descubrir el amor de Dios en las cosas sencillas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





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