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Arte y sentido de vida
Recuperar el sentido de vida en medio del ruido interior y exterior


Por: Dr. Óscar Perdiz Figueroa | Fuente: Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II



En occidente, cada vez más personas padecen enfermedades nerviosas, estrés, depresiones, se han multiplicado los suicidios, las formas de violencia, los divorcios, las uniones libres y las situaciones de angustia y  la sensación de soledad, en suma, de infelicidad. En este artículo, lejos de lamentarse y añorar el pasado, sugiero asumir una vida contemplativa en medio del mundo y las actividades, para recuperar el sentido. La vida contemplativa que salva a la persona del vacío, comienza con la contemplación de la belleza en la naturaleza, en las personas y en el arte, son los únicos caminos para recuperar el amor y la relación cálida.

1.    Grave crisis de sentido. La mayoría de las personas viven colgando del reloj. Contrasta fuertemente lo endiosada que está la palabra libertad con lo poco libre que es la gente. La mayoría se limita a obedecer antojos, consignas, órdenes, urgencias, modas o efímeras tendencias. Se está pasando rápidamente de una vida acelerada a una vida fragmentada de atomización y dispersión del tiempo. Esto significa que la vida pierde el sentido que le da unidad. Se cree que haciendo muchas cosas se da más peso a la vida y en realidad, se le quita sentido: las motivaciones para actuar se vuelven insuficientes. ¿Qué motiva a una persona a visitar una ciudad cargada de arte (Roma, Siena, etc.), ¿impregnarse de cultura?, ¿encontrarse con personas y aprender? ¿Sencillamente sacarse selfies en lugares famosos para intentar salir del absoluto anonimato y aparecer?  

La proliferación de prácticas que reducen la religión a la salud, el deporte y la autoadmiración, es un síntoma. La gente vive más años pero con mayor rutina y en el horizonte aparece siempre la eutanasia, como solución al sinsentido. Esto introduce una vivencia di-sincrónica y a destiempo donde todo en el fondo es banal, efímero y fugaz1. El aceleramiento actual ha dado paso a un cabrilleo en el tiempo sin unidad existencial, reduciendo el presente a picos de actividad y bajones de aburrimiento y hastío.

2.    Algunas funestas consecuencias de esta forma de vida son el narcisismo, la decepción, la falta de proyecto y de unidad narrativa y en definitiva, el vacío. El narcisismo es una auténtica epidemia que consiste en un amor desmedido a sí mismo y la incapacidad para el encuentro real, para amar y entregarse. Es una afirmación del propio individualismo, cuando lo que da sentido a la vida es la promoción del otro. Pariente del aburrimiento, es la decepción creciente hacia a la política y con ella la democracia; respecto a las universidades y el sistema educativo, respecto a las iglesias serias, incluso hacia el amor, como advierte Gilles Lipovetsky2. La incapacidad para descubrir, establecer y seguir un proyecto de vida es otra consecuencia. Solo provoca desdicha y escape. Lo perverso de tener como regla de vida no tener reglas, vuelve a las personas incapaces para sostener una promesa, desaparece la lealtad y la fidelidad, se rompen los compromisos se pierde la unidad y el proyecto existencial, se vive de impulsos y se pierde la libertad.

3.    ¿Hay solución a este panorama humano desolador? Sí, recuperando el encuentro con la realidad y con los otros. ¿Cómo se hace eso? Fomentando en medio del mundo, la vida contemplativa, que es encuentro consigo mismo. Es el único camino y el arte su mejor acceso: la via pulchritudinis. Lo que da sentido a la vida no es el arte misma sino a lo que nos conduce: dar sentido a la propia vida desde el amor y la relación, que es de por sí un arte.

4.    Contemplar significa detenerse, observar, descubrir la belleza de la naturaleza, de las personas y del arte. Así, se recupera el estupor y la admiración: ver las cosas cotidianas como siempre nuevas, meditar en cómo se hicieron. Las cosas no se hacen solas, alguien las hizo, con algún fin. Nunca como hoy ha habido medios para admirarse: la naturaleza, la ciencia, la tecnología, los documentales, la arquitectura. Si todo lo anterior no basta, hay una fuente inagotable de estupor: la estupidez humana. Hay y enseñar a los niños a realizar actividades creativas y sanas, simples, contar sus vidas, guardar un secreto, construir con materiales humildes y naturales. Los seres humanos desde niños, no necesitamos personas más que pantallas.

5.    El arte es un camino privilegiado de admiración, encuentro y crecimiento. Es sobrecogedora la majestuosidad de la arquitectura egipcia, lleva al misterio, superando claro, explicaciones prosaicas como la de los extraterrestres. Se puede descubrir el ingenio y la gracilidad catedrales como la de Chartres con su altura y obsesión por la luz y sus cientos de esculturas casi etéreas, los caminos de sabiduría para el amor y el matrimonio, presentes en el cuadro de El Matrimonio Arnolfini. Se puede uno sumergir en la ternura de algunas obras de Klimt o contemplar el ocaso reflejado en los vidrios de un edificio. Es extático descubrir los mensajes ocultos y enigmas de numerosas obras. Puede uno sumergirse en la intangibilidad del mosaico bizantino de Monreale o el erotismo y mística desbordantes en las estupas de Khajuraho. Y así hasta el infinito. Con el arte no se siente uno solo y a la vez, es un excelente camino para compartir experiencias significativas, de encuentro. Para ello, no se necesita hacer viajes largos, hay libros, internet, conversaciones, conferencias, cursos, etc. El arte es un camino privilegiado para amar.

El amor es lo que da sentido a la vida humana, la verdadera fuente de belleza es el encuentro con los otros. El amor es un sentimiento, un movimiento hacia la persona. Amar en cambio, es un arte Familias, amor y matrimonio. El arte de proyectar la vida con alguien y hacerla proyecto de la propia vida unificándola y saliendo de la dispersión total. Solo así se pueden formar individuos sanos, desde familias sanas.

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