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¿Por qué mentimos?
Algunas personas justifican decir, verdades a medias o algunas mentiras, a las cuales llaman piadosas...


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



El hombre, en la figura de Adán y Eva, inicia el camino de la mentira cuando desobedecen la voz de Dios. En ese momento rompe su armonía, orden, equilibrio.

A partir de este hecho la naturaleza humana queda herida. Aunque cada persona tiene una conciencia que le indica el bien y el mal. Necesita un esfuerzo para mantenerse en el bien.

El problema estriba en que él hombre se resiste a tomar su lugar de creatura y a darle a Dios su lugar de Creador, obedeciendo sus leyes.

Algunas personas justifican decir, verdades a medias o algunas mentiras, a las cuales llaman piadosas, aunque se llamen así no dejan de ser mentiras.

Cuando hay mucha rigidez en la educación los hijos pueden empezar a mentir por miedo. Lo ideal es ejercer una disciplina con amor, aceptación, valoración,  esto favorece la seguridad y autoestima de los hijos.

La persona que miente tiene de base una baja autoestima, y una gran necesidad de ser aceptado y reconocido. Por lo que muchas veces al no aceptar su realidad histórica y actual, busca modificarla con el fin de mostrar una mejor presentación de sí mismo. En el fondo busca llenar su vida de vacío, de carencias.

La primera persona afectada es el mentiroso. Ya que tiene que hacer un esfuerzo muy grande para sostener sus mentiras. También está comprobado que hay una transformación en el cerebro del mentiroso compulsivo, en la parte del lóbulo frontal hay más substancia blanca que gris, en la parte gris es donde se da la toma de decisiones morales.

El mentiroso corre el riesgo de que sus hijos imiten su conducta. Tarde o temprano su mentira los afecta y destruye a ellos mismos y a los que están a su lado.

Mitómano proviene del griego mythos, alude a un relato no verídico, y manía deseo desordenado. El mitómano es la persona que recurre a la mentira con frecuencia, para justificar sus actos, modifica o crea un mundo imaginario, de bienes o hechos que no existen. El que miente de vez en cuando es un mentiroso, el que miente de forma constante es un mitómano.
Una de las reacciones del mitómano es negar su mentira y molestarse cuando le señalan su mentira. El mitómano puede empezar a tomar conciencia cuando a causa de su mentira pierde a su esposo (a), a sus hijos, amigos, su trabajo.

¿Cómo salir de la mentira?

La mentira es una enfermedad que se puede curar, algunos puntos que pueden ayudar:

Enfrentar y confrontar al que miente o a sí mismo para tomar conciencia de la realidad.

Buscar ayuda espiritual y psicoterapéutica

Asumir la responsabilidad de los daños causados a sí mismo y a los demás.

Pedir perdón y resarcir, en lo posible, el daño causado.

Reducir el número de veces que se miente cada día.

Regir la propia vida de acuerdo a un código moral y cuanto mejor a la ley divina. Tener un norte que le marque el rumbo hacia la auténtica libertad, que es elegir el mayor bien.

El recuerdo de la ley de Dios impresa en el corazón del hombre por convicción ayuda a mejorar la conducta, es la mejor vacuna contra la mentira.

La persona que ama verdaderamente a Dios no trata de buscar adaptarse a las modas, a su tiempo, a las costumbres sino a la voluntad de su Creador, a ejemplo de Jesús que viviendo y entendiendo la problemática de su tiempo tenía un solo alimento, hacer la voluntad del Padre.
Santo Tomás Moro canciller de Enrique VIII prefirió morir decapitado, que aprobar las acciones de su rey, acciones que iban contra su conciencia, respondió con su vida a la ley divina sin importarle el precio que debía pagar.

El hombre está llamado a responder a Dios, a sí mismo y a los demás viviendo en la verdad, es decir, en la auténtica libertad.





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