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La fe recompensada
Santo Evangelio según San Marcos 2, 1-12. Viernes I del tiempo ordinario


Por: H. Francisco Javier Posada Huaracha, L.C. | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame la gracia de escuchar tu voz y poder seguirla con amor.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”.

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados' o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —le dijo al paralítico—: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

A veces Dios nos pide que ayudemos a personas en nuestro entorno con sus necesidades, como por ejemplo con alguna oración. Cristo premiará al que pida con insistencia y no se deje llevar por las dificultades, en especial cuando lo que pedimos es para alguien más. Por la fe y las obras de las cuatro personas Jesús se compadece del paralítico perdonándole sus pecados y sanándolo.

Cristo nos invita a fijar nuestra mirada en el prójimo al que podemos ayudar en diversas formas; lo que se necesita es olvidarse de uno mismo y ver el bien que Dios puede hacer a través de nosotros. Lo que hacemos, al inicio, puede parecer inútil como si lo estuviéramos haciendo mal o no estuviera sucediendo como queríamos, pero con confianza en Dios no dejamos de insistir y Él actúa conforme su voluntad.

Cada vez que encontramos a una persona necesitada es un reto a nuestra creatividad. Es como si se nos pidiera ingeniar algo para que Dios llegue a esa persona; nuestra fe y confianza en Él nos empuja a actuar para convertirnos en instrumentos de su amor y testimonios vivientes de fe.

«Aquellos amigos que llevaron al paralítico ante el Señor, para que lo sanara. No tenían vergüenza, eran “sin vergüenza”, pero bien dicho. No tuvieron vergüenza de hacer un agujero en el techo y bajar al paralítico. Sean “sin vergüenza”, no tengan vergüenza de hacer con la oración que la miseria de los hombres se acerque al poder de Dios. Esa es la oración vuestra. Por la oración, día y noche, acercan al Señor la vida de muchos hermanos y hermanas que por diversas situaciones no pueden alcanzarlo para experimentar su misericordia sanadora, mientras que Él los espera para llenarlos de gracias. Por vuestra oración ustedes curan las llagas de tantos hermanos.»
(Homilía de S.S. Francisco, 21 de enero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado... o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar, con fe, por una persona que se encuentre en necesidad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





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