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Una palabra tuya bastará para sanarme
Santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28. Martes I del tiempo ordinario


Por: H. Kevin Franco, L.C. | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor mío Jesucristo, te quiero agradecer por venir a este mundo y hacerte carne, solo para redimirme. Te pido que me ayudes a comprender el gran Amor que Tú me tienes.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

ç Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En cada misa en la que asistimos, decimos esta frase y me pregunto, ¿cuántos de nosotros la decimos conscientemente? La verdad es que pocas. Vemos como en el Evangelio de hoy; Jesús solo con decir «una palabra» sano a esa persona que tenía demonios. Jesús nos enseña que, aunque tengamos tantas cosas malas dentro de nosotros y aunque nuestro pasado no haya sido el mejor, solo nos basta que salga una palabra de su boca, para quedar sanos.

Escuchar esa palabra requiere de:

Fe: En estar atento a lo largo del día a la palabra que Jesús me quiere decir. (que puede ser a través de una sacerdote, de algún familiar o de algún amigo).

Esperanza: En saber que, aunque tenga tantas enfermedades o defectos la PALABRA de Dios sanará mi alma.

Amor: En acoger, sí, esa palabra, pero no basta solo eso, sino hacerlo con amor (como si un amigo o un familiar me da un regalo en este momento, lo recibiría con un gran amor).

«El diablo dice la verdad: Jesús ha venido para destruir al diablo, para destruir al demonio, para vencerlo. Este espíritu inmundo conoce el poder de Jesús y proclama también la santidad. Jesús lo grita, diciéndole: “Cállate y sale de él”. Estas pocas palabras de Jesús bastan para obtener la victoria de Satanás, el cual sale de ese hombre “agitándole violentamente”, dice el Evangelio. Este hecho impresiona mucho a los presentes; todos se quedaron pasmados y se preguntan: “¿Qué es esto? […] Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen”. El poder de Jesús confirma la autoridad de su enseñanza. Él no pronuncia solo palabras, sino que actúa. Así manifiesta el proyecto de Dios con las palabras y con el poder de las obras.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 28 de enero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Me pondré delante del sagrario y escucharé dentro de mi alma esa palabra que Jesucristo, Rey Sumo Sacerdote, quiere decirme para que quede sana mi alma.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





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