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La sabiduría de Dios
Santo Evangelio según San Mateo 11, 16-19. Viernes II de Adviento.


Por: H. Hans Candell, L.C. | Fuente: missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, te entrego este momento de mi vida; dispón de él para hablarme y mostrarme tu voluntad para mí.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Mateo 11, 16-19

  1. aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: 'Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado'.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: 'Tiene un demonio'. Viene el Hijo del hombre, y dicen: 'Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir'. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras".

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El Evangelio comienza con esta pregunta de Jesús: "¿A quién se parece esta generación?", porque en su sentir se parece a los chiquillos que sentados en las plazas se gritan unos a otros: "Tocamos la flauta, y no han bailado, hemos entonado canciones tristes, y no han llorado". Y es que vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: "tiene un demonio". Luego vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tienen a un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores". Aunque esta acusación se desvirtúa con la Sabiduría de Dios que se justifica a sí misma por sus obras.



Es claro que, a los líderes, a los sabios o los que tienen el poder no les gusta que alguien los critique o desafíe y, obviamente, no aceptan a esa persona. Pero también existen personas que se apegan a lo que siempre han vivido y no aceptan otro modo de explicar y vivir la fe; entonces, inventan motivos y pretensiones para no aceptarlo. Por estas razones, Jesús se queja por la falta de coherencia, pues hay quienes inventan cualquier pretexto para no aceptar el mensaje de Dios anunciado por Él. Por eso reacciona y demuestra la incoherencia, pero no sólo del pueblo judío, sino también de la humanidad actual, ya que algunos se consideran sabios, pero son como niños que quieren divertirse en la plaza y se rebelan cuando la gente no se mueve según la música que ellos tocan.

Otros se consideran sabios sin serlo y aceptan solamente a aquellos que tienen sus mismas ideas, pero se condenan por su actitud incoherente. La Sabiduría Divina ha intentado atraer al ser humano de diversas maneras y este tiempo de Adviento es propicio para entrar en la sintonía de entablar una relación profunda y sana con Dios. Pero vale interrogarse: ¿Sigo el camino de Dios o el mío? ¿Mi actuar es coherente con la fe que profeso? Jesús ha sido quien ha dado sentido a la vida del ser humano al redimirlo y salvarlo, pero ¿será que de corazón puedo decir: ¡Jesús en Ti confío!? Es decir, ¿hago la Voluntad de Dios?

Esta es la elección que tenemos delante: vivir para tener en esta tierra o dar para ganar el cielo. Porque para el cielo no vale lo que se tiene, sino lo que se da, y "el que acumula tesoro para sí" no se hace "rico para con Dios". No busquemos lo superfluo para nosotros, sino el bien para los demás, y nada de lo que vale nos faltará. Que el Señor, que tiene compasión de nuestra pobreza y nos reviste de sus talentos, nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta y el valor de amar, no con palabras sino con hechos.
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de noviembre de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Poner especial atención a mis actitudes durante el día, asegurándome que sean coherentes con mi ser de cristiano.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 





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