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Homilia del 5 de Diciembre 2018

Jesús sana a muchos enfermos
Cercanía que tiene que hacerse concreta en nuestro compromiso y nuestra solidaridad.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Isaías 25, 6-10: “El Señor preparará un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros”

Salmo 22: “Habitaré en la casa del Señor, toda la vida”

San Mateo 15, 29-37: “Jesús sana a muchos enfermos y multiplica los panes”

 

Cada día nos sorprenden las noticias con nuevas cifras de pobres y del hambre que azota a la humanidad. Cada día también tratamos de olvidar y seguir nuestras vidas como si nada pasara. Pero también nosotros sentimos la precariedad de nuestras vidas y nos vemos sometidos a la enfermedad, a las necesidades, al hambre.



Cuando el estómago está vacío no es posible pensar, la necesidad apremia. Quizás por esto los textos bíblicos que nos preparan en este adviento están llenos de imágenes donde Dios se acuerda de su pueblo y le ofrece un banquete con manjares sustanciosos. Quizás por eso se nos presenta a Jesús multiplicando los panes y saciando el hambre de las multitudes que lo escuchan. El mensaje se hace concreto no sólo en la imagen de la comida ofrecida a todos los pueblos reunidos como uno solo, sino en la cercanía y familiaridad con Dios, en la fraternidad y el gozo de encontrarse unidos y juntos los hermanos. Pero esta fiesta y esta comida es señal del triunfo del Señor que ha quitado el velo de luto que cubre el rostro de los pueblos, el paño que oscurece a las naciones.

Frecuentemente nos preguntamos el sentido de tantas víctimas de la injusticia y de la violencia, tantos inocentes caídos y tantos culpables justificados y libres. Nada tiene sentido y nos hace dudar de la presencia de Dios. Lo mismo le pasaba al pueblo de Israel, pero se olvidaba que él fue el primero en alejarse del Señor adoptando ídolos, substituyéndolo por reyes poderosos, conviviendo en injusticia. El texto de San Mateo de este día nos hace percibir a Jesús muy cercano a todos los que sufren y aquella multitud de menesterosos, tullidos, ciegos, sordomudos y enfermos, sienten cercano su consuelo y su presencia. Tiempo de adviento es tiempo de cercanía con el dolor, con el hambre y la necesidad, no para dejarla igual, no para mitigarla con las sobras, sino para unirla y presentarla ante Jesús.

Él nos dará nuevas luces para enfrentar unidos y solidarios con todas las víctimas estos dolores, juzgarlos ante sus ojos y darnos nuevas esperanzas. Adviento es cercanía del Señor con el que sufre y con el que tiene hambre. Cercanía que tiene que hacerse concreta en nuestro compromiso y nuestra solidaridad.

 







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