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Homilia del 4 de Diciembre 2018

Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo
Todo se transformará en su presencia.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Juan Damasceno

Isaías 11, 1-10: “El Espíritu del Señor se posará sobre él”

Salmo 71: “Ven, Señor, rey de justicia y de paz”

San Lucas 10, 21-24: “Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo”

 



Nuestro país, como casi todos los países, atraviesa por situaciones realmente difíciles que a muchos se les antojan imposibles de solventar. Los problemas se agravan porque hemos perdido el sentido de comunidad y cada uno de nosotros luchamos denodadamente por subsistir, porque no se nos quiten los privilegios, por alcanzar niveles mejores de vida, pero nos olvidamos del sentido comunitario y de solidaridad. El horizonte realmente se presenta muy oscuro y de graves desconfianzas. Quizás por eso nos sorprendan más los textos del Adviento que nos lanzan a tener confianza, a nuevas esperanzas y hasta nos presentan con tintes paradisiacos una realidad que se nos antoja imposible. Isaías en la primera lectura nos anuncia un renuevo del tronco de Jesé. Al pueblo de Israel que ya considera podrido el tronco de David, le anuncia que un vástago florecerá de su raíz.

Y después hace una descripción llena de imágenes que parecen contradictorias donde el lobo habita con el cordero, la pantera se echa junto al cabrito, el novillo y el león juntos se alimentan. ¿De dónde brota esta nueva esperanza para un pueblo que contempla a sus gobernantes corruptos, idólatras y degenerados? ¿Cómo soñar con una armonía de una nación que está saqueada por las grandes potencias y donde se vive la injusticia y la violación de los derechos? Isaías sustenta su anuncio en la presencia del aquel nuevo “vástago” sobre el que se posará el espíritu del Señor.

Todo se transformará en su presencia. Pero también para nosotros es la profecía. Quizás dudemos cuando contemplamos la realidad tan contradictoria y nos veamos tentados por la desconfianza. Sin embargo, ahí está la profecía. Jesús retoma esta misma profecía y la expresa en una oración de acción de gracias como algo presente en el reino de Dios, donde se han trastocado los valores y donde los pequeños y sencillos pueden descubrir la sabiduría y la belleza de Dios. Adviento es ese tiempo especial que nos hace exclamar con todas nuestras fuerzas: “Ven, Señor, rey de justicia y de paz”, pero que también despierta en nosotros la esperanza de que los pequeños y sencillos tendrán la posibilidad de construir ese reino nuevo.

Adviento viene a despertar nuestras conciencias, a no dejarnos dormir en paz, a reavivar nuestros deseos de un mundo donde verdaderamente reine la paz. Sólo lo lograremos con la presencia del Espíritu.

 







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