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Homilia del 1 de Diciembre 2018

Demos gracias al Señor
Velen y hagan oración continuamente


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Apocalipsis 22, 1-7: “Ahí no habrá noche porque el Señor los iluminará con su luz”

Salmo 94: “Demos gracias al Señor”

San Lucas 21, 34-36: “Velen para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder”

 

Son constantes los avisos preventivos en todos lados, desde las carreteras, las fábricas, la calle, los vehículos, las escuelas… en todos lados nos piden atención y cuidado. No manejar cansado, “si toma no maneje”, “precaución escuela”, y miles de avisos más, que nos exigen poner nuestros cinco sentidos en lo que estamos haciendo. Jesús después de anunciar las catástrofes que precederán al fin del mundo, pide a sus discípulos que estén alerta. Y hace una doble lista de cuidados que deberemos tener.



Los primeros en sentido negativo: no estar sujetos al vicio, a la embriaguez y a las preocupaciones de esta vida, para que no se entorpezca la mente. Desgraciadamente los vicios y el alcoholismo han pasado a ser parte cotidiana de nuestra forma de vivir. No se entiende diversión si no hay alcohol, a pesar de las funestas consecuencias que tiene para nuestras familias y nuestras comunidades. Se ha  comprobado que la principal causa de muerte entre los jóvenes son los accidentes causados por el alcohol. Y una inmensa mayoría de los problemas familiares y comunitarios tienen su origen en el alcohol o son agravados por el alcohol: violencia, divisiones, violaciones, riñas, golpes… Y sin embargo sigue el alcohol metido en nuestros hogares, sin control, sin restricciones.

“Estén alerta” insiste Jesús, y bien haríamos, en estos días que se avecinan, en poner máxima alerta contra estos vicios de los que nos previene. Pero también propone una alerta preventiva, de acciones que hay que poner, de algo que no podemos descuidar: “Velen y hagan oración continuamente”.

Estar despiertos para discernir en cada momento si hacemos el bien o el mal, examinar cada nueva inspiración para descubrir si une, si da vida, o si está perjudicando. Por desgracia parece que estamos como adormilados por tantos acontecimientos y dejamos las cosas que vayan por sí solas, si tenerlas en nuestras manos, firmes y seguras.

Y lo último que no podemos descuidar es la oración. Una constante presencia ante Dios, un diálogo que no termine, un intercambio con Él que nos haga sentir siempre su presencia. Si viviéramos así, no tendríamos miedo, nuestra vida sería más feliz y segura. Escuchemos pues las recomendaciones que nos hace Jesús.

 







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