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Homilia del 27 de Noviembre 2018

No quedará piedra sobre piedra
¿Tenemos una vida fundada en la justicia y el amor?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Apocalipsis 14, 14-19: “El tiempo de la cosecha ha llegado ya; la mies de la tierra está madura”
Salmo: 95: “Que todo se alegre ante el Señor”
San Lucas 21, 5-11: “No quedará piedra sobre piedra”

 

Para el pueblo de Israel el templo era uno de los signos más representativos de su religiosidad y de la presencia del Señor en medio del pueblo. La gran construcción los hacía sentir seguros. Sus más grandes desastres los vivieron cuando el templo fue destruido y la tristeza del exilio consistía en no poder dar el culto al Señor.

Por eso miraban con orgullo la gran construcción. Sin embargo Cristo les llama la atención, no sólo en el pasaje que acabamos de escuchar, sino con mucha frecuencia, porque su veneración por el templo no está respondiendo con la congruencia de una vida recta en justicia y amor. Anunciarles que será destruido el templo, es quitarles su mayor seguridad, pero es también hacerlos reflexionar en lo que pide Dios para su culto. Es cierto que Dios ha pedido el culto, pero un culto vivo que lleve al amor y al cumplimiento de sus mandamientos.

Pero cuando el templo se transforma en escaparate para esconder las injusticias, en lugar de ser una bendición está llevando a la ruina. El mismo sentido tienen las palabras que Jesús dice a continuación sobre los engaños de quien se quiere hacer pasar por el Mesías y Señor.



En nuestros días muchos se han aprovechado de los desastres ecológicos para anunciar un supuesto día final. Pero debemos estar atentos y reconocer que el único que conoce el día final es el Señor Jesús y que nosotros tendremos que tener una actitud de perseverancia, de paciencia y de vigilancia. Nosotros también hemos puesto nuestras seguridades en las cosas y los  bienes, en el poder y la fama, y nos hemos alejado de lo que busca el Señor.

Nosotros también hemos tomado una actitud de despreocupación y de descuido frente a la venida del Señor. Tendremos que recuperar esa actitud que nos ayude a vivir plenamente nuestros días como si fueran los últimos, no en el sentido de angustia, sino de rectitud, de vigilia y de fraternidad. Si éste fuera nuestro último día ¿Cómo lo viviríamos?

 





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