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¿Para qué he venido a este mundo?
Las diferentes vocaciones dentro de la Iglesia


Por: Adrián Mendoza Leal | Fuente: New Fire



Una de las preguntas que en algún momento nos hemos hecho es ¿para qué he venido a este mundo? Esta pregunta va ligada a la búsqueda del sentido de la vida. Es una de las características que nos distinguen como seres racionales. Por lo regular este tipo de dudas comienzan a formularse en la adolescencia y en la juventud.

Cada uno de nosotros tenemos un llamado, es decir una vocación. Principalmente durante la juventud uno elige la opción de vida a la cual uno se considera llamado. Es absolutamente normal que existan muchas dudas sobre esta decisión tan importante. En la Iglesia Católica hay dos opciones de vida, en la cual cada persona pueda realizarse plenamente, ya sea en la vida consagrada o formando una familia. Existe también un estado de vida, que es temporal y en algunos casos permanente, me refiero a la soltería.

Vocación al matrimonio

La vocación que mayoritariamente han recibido hombres y mujeres es el matrimonio. Todo niño, normalmente, nace en el seno de una familia, teniendo como ejemplo de vida al padre y a la madre. Es de ellos de quienes aprendimos las bases y fundamentos como personas y como cristianos.

La familia es el lugar donde se fomenta la confianza, el amor, el respeto, entre otros valores. Ciertamente, existen numerosos casos donde el niño no nace dentro de una familia y se ve limitado en su formación, sin embargo el contexto social familiar no le es ajeno.



Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, Dios mismo dijo “No es bueno que el hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él” (Gn 2, 18) Es así como una pareja después de encontrarse y durante un tiempo de preparación deciden vivir juntos en el sacramento del matrimonio y formar una nueva familia.

Es durante el noviazgo cuando la pareja va descubriéndose, y asimilando el reto que implica este compromiso de vida. Es en el sacramento del matrimonio cuando juran amor y fidelidad para toda la vida.El amor que como pareja se expresan libremente tiene que ser fundamentado en Dios mismo. El proyecto de llegar a ser un solo cuerpo y una sola alma, es con la intención de lograr plenitud y felicidad, sabiendo que no es una dependencia sino un complemento el uno del otro. De la unión entre esposos puede nacer una nueva esperanza de vida, los hijos son un don de Dios. La misión que se adquiere con los hijos tendrá que ser planificada a conciencia.

Vocación a la vida consagrada

Todos los miembros de la Iglesia Católica al recibir los sacramentos de iniciación (bautismo y confirmación) son ya consagrados. Sin embargo, aquellos que han respondido al llamado de la vida religiosa o consagrada quieren profundizar y radicalizar esta consagración a Dios.

Existen un número importante de cristianos que han decidido dedicar su vida entera a la construcción del Reino de Dios, mediante la profesión de pobreza, obediencia y castidad dentro de una comunidad religiosa.



El llamado que han recibido tanto hombres como mujeres es muy variado, y algunas veces se ha manifestado de maneras inimaginables. Dios se vale de la cotidianidad y de signos especiales para manifestar la voluntad de llamar a sus hijos a la vida consagrada. Algunas veces este llamado nace de la simple curiosidad, también del ejemplo de otros hermanos que ya viven una vida consagrada al Reino.

El camino de discernimiento y preparación para una vida consagrada dura algunos años, sin embargo, el sí a Dios se da todos los días de la vida. El amor debe regir la vida consagrada Una entrega al servicio sin Amor, se nota en el servicio y sobre todo en la comunidad.

La vida de soltero

Mientras la persona discierne cuál es su vocación  lo cual no quiere decir que no implica un compromiso. Por ejemplo en el matrimonio el compromiso es con tu pareja que has elegido, en la vida religiosa con el instituto y la misión que tienen como consagrados. En esta vocación consagras tu vida a Dios con el compromiso de vivir en santidad, fermentando el mundo, siendo luz y sal como laico, conscientes del valor e importancia que han adquirido para la propagación del Reino de Dios.

Esta como las anteriores es una vocación de vida, no debe entenderse en ningún momento como una resignación de vida, pensando que si no pude casarme y tampoco pude entrar a ningún Instituto de vida consagrada entonces me resigno a estar solo. El amor debe regir igualmente esta forma de vida. La alegría y caridad que se tenga en el corazón  para vivir en plenitud, será la medida de saber que esta es la vocación correcta que se ha elegido.

La vocación universal

Existe una vocación universal dentro de la Iglesia, este llamado que independientemente si hemos elegido una vida en matrimonio, como religioso o soltero, compartimos y tenemos el compromiso de responder. Dios quiere que seamos santos, decía san Pablo cuando escribía algunas de sus cartas (1 Tes 4, 3; cf. Ef 1,4).

Los esposos y padres cristianos, deben apoyarse mutuamente en la gracia, con un amor fiel a lo largo de su vida y educar a sus hijos en las enseñanza cristiana, inculcando valores evangélicos. Así como familia viendo y respondiendo al llamado de ser santos contribuyen a la construcción del Reino de Dios.

Los religiosos y consagrados que han hecho la opción de vivir radicalmente el evangelio, dedicando su vida entera al servicio del Reino. Siendo coherentes con la vocación que han abrazado tanto dentro de la comunidad como fuera de ella, estarán cumpliendo la misión que se les ha encomendado, siempre con la alegría de la santidad.

Asimismo aquellos que han optado por una vida de santidad como solteros están comprometidos a llevar una vida cristiana, comprometidos en algún apostolado ya sea personal o en grupo. Teniendo siempre como principio y rector el amor que Cristo manifiesta a su Iglesia.
Conclusión

Todo el tiempo estamos tomando decisiones, sin embargo hay algunas que van a determinar por completo el rumbo que puede tomar nuestra vida. Para poder discernir y saber cuál es la vocación a la que estamos llamados es importante que exista un proceso de discernimiento. Todas las vocaciones se forjan en el silencio y en la escucha. Ninguna es más importante, especial, o facilita el camino para vivir feliz y en santidad. Cada quien tiene un llamado y cada opción de vida implica retos, caídas, alegrías y compromiso. Y tú, ¿te has preguntado cuál es tu vocación?





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