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La vida…¿es bella?
La vida es bella, la vida en la que se ríe y se sufre, en la que se nace y se muere


Por: Redacción | Fuente: http://lcblog.catholic.net



Seguramente alguna vez has escuchado por ahí: “La vida es bella” (incluso hay una película que lleva ese título). Creo es muy bueno preguntarse en algún momento de la vida –aunque sin esperar tanto– si esto es verdad o simplemente es un buen nombre de película dramática.

Hay muchos que ante esta pregunta podrían responder: depende. La vida es bella dependiendo de cómo te está yendo. Si las cosas van bien, si mis problemas no son lo suficientemente importantes para preocuparme, ahí entonces podré decir que la vida es bella.

Otros podrían decir que sí de una manera casi poética. Comenzando a hacer una descripción de la belleza de los mares, las flores…, los amaneceres. A esto –muy sabiamente– se podría objetar que si alguien piensa así es que simplemente no vive en la realidad.

Hasta aquí creo se podría concluir que entonces la vida no es bella pues, sabemos por experiencia que en la vida no siempre nos va bien. ¿Por qué? Simplemente porque es así. De igual manera sabemos que la vida no siempre está llena de amaneceres, de paisajes, de caminatas acompañadas de canciones de fondo.

Entonces, ¿qué podemos decir? ¿en qué consiste la belleza de la vida? ¿optamos una vida inestable del “si me va bien o me va mal” o por una especie de vida de fantasía?



Creo que es mejor optar por la vida real.

Una vida en la que se sufre, en la que hay dolor y dificultades pero también hay alegrías, consolaciones y motivaciones.  Una vida en la que hay miedos, obstáculos, fracasos, traiciones y decepciones pero en la que también encontramos éxitos, fidelidad, amistad, sorpresa y estupor. Una vida en la que por negligencia se hacen las guerras pero por necesidad se busca la paz. En la que hay mucha corrupción pero hay mucha más bondad. Es decir, una vida  en la que –hay que decirlo sin miedo– hay mucho mal pero éste se da por el misterioso don de la libertad, de poder elegir amar o no amar.

Es interesante darse cuenta que es en el sufrimiento donde uno comienza a ver que la vida, en efecto, es muy real. Parece que el sufrimiento es una clase de alarma que nos despierta de una especie de sueño temporal. Y, cuando uno despierta se abre un horizonte de posibilidades: la posibilidad de huir, hacer como si nada pasara. También está la posibilidad de convertirse en la víctima que el mundo necesita ayudar… En fin, son muchas las posibilidades. Una más difícil que la otra. Dejando la oportunidad más sencilla para el final.

Esta oportunidad consiste simple y sencillamente en vivir. No huir, no engañarse, no convertirse en la víctima. Simplemente vivir.

Si hay que llorar, llora; si hay que buscar ayuda, búscala; si necesitas tiempo, tómalo pues para eso está, pero la clave está en vivir con esperanza, tanto lo bueno que venga como lo malo que pueda llegar.



¿Esperanza de qué? Esperanza de saber que todo pasa incluso el dolor. La esperanza de que no es mentira cuando se dice que siempre viene algo mejor. La esperanza que nos trae la paciencia y la perseverancia. La esperanza que nos da el saber que fuimos creados para y por el Amor mismo. La esperanza que nos da el saber que somos amados inmensamente por Dios.

Probablemente has escuchado esto muchas veces. Sin embargo, escucharlo es una cosa. Vivirlo es definitivamente otra.

Aquellos que conocen el amor de Dios simplemente de oídas son los que la belleza de la vida depende de si me va bien o no. Los que viven y experimentan su Amor, son los que sin pensarlo responderían ante la pregunta “Sí, claro que sí”. La vida es bella, la vida en la que se ríe y se sufre, en la que se nace y se muere, en la que se elije libremente amar o no amar. Esa vida, la vida real, es bella.

Entonces, volviendo al principio, Para ti la vida, tu vida…¿es bella?





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