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Homilia del 10 de Noviembre 2018

Dichosos los que temen al Señor
Que el Señor nos conceda ser fieles en lo poco.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San León Magno

Filipenses 4, 10-19: “Todo lo puedo unido a Aquel que me da fuerza”

Salmo 111: “Dichosos los que temen al Señor”

San Lucas 16, 9-15: “Si con el dinero tan lleno de injusticias, no fueron fieles, ¿quién les confiará los bienes verdaderos?

 



Cada día nos causa más asombro hasta dónde llegan los grados de corrupción y cómo han invadido todas las estructuras tanto de corporaciones educativas, de gobierno, religiosas, parece que nada escapa a la corrupción.

Todos nos quejamos y proponemos soluciones pero casi siempre esperamos que “alguien” o “algo” vengan a cambiarnos radicalmente. Quizás al escuchar las palabras de Jesús en este pasaje nuestra primera impresión sea que se refiera solamente a quienes tienen mucho dinero y mal habido. Ciertamente desde el tiempo de Jesús el dinero pasa por muchas manos, por oscuros negocios y convierte el sudor de los pobres y humildes en mercancía. ¡Qué duro ver convertidos nuestros afanes y esfuerzos en unas cuantas monedas! Con toda razón se  puede considerar el dinero como lleno de injusticias. Quizás esto nos desconcierte al pensar que Jesús propone el negocio sucio para alcanzar un buen fin. Pero Jesús siempre nos ha manifestado que el fin no justifica los medios y que no se puede utilizar la injusticia para alcanzar un bien; y que tampoco la sangre de inocentes puede emplearse para ganar amigos que nos reciban en el cielo.

Creo que no es éste el sentido que nos propone Jesús, sino reconocer que el dinero siempre será “sucio”, sin referirse explícitamente  al dinero mal habido. Pero lo importante será ser “justo” con ese dinero tan lleno de injusticias, ser fiel en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo sencillo. Y creo que ésta sería también nuestra actitud: esperamos grandes cambios, pero en las pequeñas acciones que llevamos a diario seguimos cometiendo “pequeños hurtos”, “pequeñas mentiras” que hasta llamamos piadosas, ocultamiento de verdades, pequeñas incongruencias… Decimos que no somos malos, pero sí vamos haciendo pequeñas maldades que a fuerza de tanto realizarlas nos acostumbramos y convivimos a diario con esas “maldades” hasta considerarlas “normales”. Alguien llega al confesionario y me dice: no tengo nada extraordinario, sólo “cosas normales”, pero empieza a decir verdaderos pecados de infidelidad, de mentira o de corrupción.

Desde ahí tenemos que iniciar la conversión: de las pequeñas incidencias de cada día, desde el ser fiel en todo momento. Que el Señor nos conceda ser fieles en lo poco.

 







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