Menu



Homilia del 9 de Noviembre 2018

Jesús hablaba del templo de su cuerpo
La presencia de Dios en medio de nosotros


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Dedicación de San Juan de Letrán

I Corintios 3, 9-11; 16-17: “Ustedes son el templo de Dios”

Salmo 45: “Un río alegra a la ciudad de Dios”

San Juan 2, 13-22: “Jesús hablaba del templo de su cuerpo”

 



San Juan tiene una predilección especial por el templo, imagen tan conocida y amada por los israelitas como símbolo de la presencia de Dios. Pero Juan le da una nueva modalidad y un cambio radical: ya no importa el lugar, ni los sacrificios, ni el sábado, porque Cristo es el nuevo templo, el cordero pascual y el dueño del sábado. No tienen mucho sentido las piedras cuando no se tiene corazón y hoy, al celebrar la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, vienen hasta nosotros estas imágenes que bien podrían colocarse en cualquiera de nuestros templos, si no le damos esa nueva dimensión a nuestras iglesias. Como nos dice San Pablo somos casa de Dios y construcción cimentada en Cristo.

Así, se superan los ritualismos y las manipulaciones con las ofrendas, sólo viviendo en justicia y en respeto a cada uno de los “templos” que somos las personas, podremos entender la presencia de Dios en medio de nosotros. Quizás no sólo en los templos materiales se comercialice, sino que también se manipula y comercializa con las personas que son templos de Dios. Pocas veces contemplamos a Jesús realmente enojado y hasta capaz de golpear y de herir con sus palabras, pero las razones no son para menos: se ha profanado el templo, centro de la devoción de todo israelita, pero si Jesús cambia en toda su profundidad esta imagen y se convierte él mismo en templo, y convierte a cada persona en santuario de Dios, tendremos que recapacitar cómo son nuestras relaciones con las otras personas.

Desgraciadamente se ha convertido a muchas personas en carne de cañón o en mano de obra barata o en mercancía desechable que  se tira a la basura y se ignora su dignidad. Esto sucede entre los países y sobre todo con las grandes transnacionales hambrientas de ganancias y capaces de devorar todo con tal de crecer, pero también lo encontramos en las relaciones diarias, en los encuentros de los grupos y en la intimidad del hogar.

Tendremos que recapacitar y mirar a cada persona como santuario de Dios, amarla y respetarla porque allí mora el Altísimo.

 







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!