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Homilia del 5 de Noviembre 2018

No invites a tus amigos, sino a los pobres
El pobre nos evangeliza, nos enriquece y nos fortalece. El otro es el rostro de Cristo.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net




Filipenses 2, 1-4: “Tengan un mismo amor, unas mismas aspiraciones y una sola alma”

Salmo 130: “Dame, Señor, la paz junto a ti”

San Lucas 14, 12-14: “No invites a tus amigos, sino a los pobres”

 

Es muy frecuente que al actuar pretendamos beneficios políticos o comerciales. Buscamos los mejores aliados, las mejores oportunidades y un desayuno se convierte en una mesa de negocios, una comida se transforma en alianzas y una invitación es amarre de compromisos futuros. Cristo se atreve a desafiar las costumbres de sus tiempos y su crítica también alcanza a nuestra forma de pensar y de proceder. Cuando a la persona se le manipula con otros intereses, pierden su valor las mejores acciones.



Lo hemos vivido en diferentes circunstancias sobre todo en tiempo de elecciones: todos los candidatos dicen tener un fervor especial por los pobres y marginados, esperan recibir sus votos y además de ofrecerles algunas baratijas, prometen muchos beneficios si obtienen el triunfo. Pasa el tiempo, pasan los años, vienen otros candidatos y otros partidos, y la historia se repite. También muchísimas veces y de muchas maneras hay quien se aprovecha de las personas y de sus necesidades para manipularlas. Cuando a las personas se les mira sólo con ojos de mercancía, se desfigura el valor de las personas.

San Pablo, entendiendo lo fácil que es caer en estas manipulaciones que traen graves consecuencias de división, envidias y desencuentros, nos enseña cómo deben ser las relaciones con los hermanos. Pone como base el nombre de Cristo y una exhortación nacida del amor: “Tengan todos una misma manera de pensar, un mismo amor, unas mismas aspiraciones y una sola alma. No hagan nada por espíritu de rivalidad ni presunción. No busque nadie su propio interés sino el del prójimo”. Palabras muy claras que dan resonancia y actualidad a las acusaciones y consejos de Jesús. Cuando el pobre es tomado como persona y se le sienta a la misma mesa; cuando se le hace partícipe de la misma dignidad, el pobre nos evangeliza, nos enriquece y nos fortalece. Para Jesús, la cena es un momento especial de comunión con todos aquellos que, aunque excluidos de la escala social, religiosa o económica, son capaces de abrazar la causa del Reino y hacer del alimento, un gesto de solidaridad que anticipa la justicia de Dios. Muchos retos nacen para nosotros en este día que nos llevan a otorgar un mayor valor a las personas que a las cosas o a nuestros intereses. Como cristianos debemos saber que lo único que incrementa nuestro inmenso valor como seres humanos es la capacidad de solidarizarnos con quienes han sido despojados de su dignidad humana. El otro es el rostro de Cristo.

 





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