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Homilia del 1 de Noviembre 2018

Veremos a Dios tal cual es
1° de Noviembre: Día de todos los santos


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



1 Noviembre
Todos los Santos


Apocalipsis 7, 2-4. 9-14: “Vi una muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas”
Salmo 23: “Ésta es la clase de hombres que te buscan, Señor”
I San Juan 3, 1-3: “Veremos a Dios tal cual es”
San Mateo 5, 1-12: “Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”


Apenas hace algunos meses el Papa Francisco nos lanzaba en búsqueda de la santidad. Hoy tenemos la oportunidad de repensar nuestro llamado. Me gusta imaginar esta multitud que nos presenta el Apocalipsis en una imagen como de ensueño, pero que encierra el más grande anhelo de Jesús: “Una muchedumbre tan grande que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas”.

Hoy celebramos la fiesta de Todos Santos y seguramente nos ha faltado más entusiasmo para descubrir toda la riqueza de esta fiesta. A nuestro mundo moderno no le atraen mucho los santos tradicionales, con su cara piadosa, con sus milagros increíbles, con una vida lejana de la vida cotidiana de todos los mortales. El llamado a la santidad es para toda persona, es la invitación a vivir en el amor de Dios y a responder con nuestra propia vida, es llenar de sentido las pequeñas acciones de cada día. En nuestros días también hay grandes santos que son coherentes con su vocación, que luchan por un mundo de igualdad, que se entregan en servicio silencioso y lleno de generosidad. La imagen del Apocalipsis nos llena de entusiasmo porque más allá de nuestras barreras y limitaciones, se nos abre la posibilidad de una nueva humanidad que no esté condicionada por los egoísmos y las diferencias, que disfrute y viva plenamente la gloria de Dios. Muy concreto se hace el camino para ser santo con la propuesta de Jesús en las bienaventuranzas.

Muchas veces se ha dicho que el catolicismo es la religión del “No” y quizás nosotros tengamos la culpa que se nos considere amargados, negativos y cerrados, pero las bienaventuranzas nos abren un camino a mil posibilidades de ser felices. Claro que no al estilo del mundo, donde la felicidad se encierra en el tener y donde se cree que la realización plena de una persona consistirá en lo que ha conseguido externamente. Bienaventurados llama Jesús a los que son capaces de tener el corazón libre e ir más allá de estas limitaciones que nos impone nuestra condición humana, para descubrir que se puede ser feliz sin tener riquezas materiales, que se puede encontrar la alegría al compartir el hambre, que se puede lograr la realización plena al estar buscando la paz interior y ser perseguidos por la justicia. Nuestro mundo necesita estos santos, hombres y mujeres alegres, que se entusiasmen por dar vida y alegría a todas las personas, que rompan las barreras y las distinciones, que descubran que la sonrisa de Jesús es más valiosa que los más grandes tesoros. Día de todos los santos es un día para entusiasmarnos por la verdadera santidad a la que continuamente nos sigue llamando nuestro Dios: “Sean santos como su Padre celestial es santo”.



 





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