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Homilia del 31 de Octubre 2018

El Señor es fiel a sus palabras
¿Entrar en el Reino de Dios es difícil?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Efesios 6, 1-9: “Obedezcan como quien sirve al Señor y no a los hombres”

Salmo 144: “El Señor es fiel a sus palabras”

San Lucas 13, 22-30: “Vendrán del oriente y del poniente y participarán en el banquete del Reino de Dios”

 

¿Entrar en el Reino de Dios es difícil? Muchos lo miran como si fueran a entrar al estadio, que una vez conseguido el boleto de entrada, todo lo demás será fácil porque ante el boleto, se abren todos los accesos.



Muchos perciben así la religión, como una especie de comercio para entrar en el cielo, pero se equivocan rotundamente. No es comercio, es vida, es amor y es entrega. Jesús lo compara con el camino estrecho y la puerta angosta que exige un cambio profundo de mentalidad, que no permite entrar cargado con todos nuestros aditamentos que se nos han ido pegando en el camino.

Lejos de tener un boleto, se tiene que tener el corazón dispuesto. El banquete y la mesa están preparados, son la mejor imagen que ofrece Jesús a sus discípulos. Pero discípulo no es el que lo llama Señor, Señor, ni el que aparenta comer o beber con Él.

Se necesita conocer a Jesús y ya dice el refrán popular que a los amigos se les conoce en la cárcel, en la enfermedad y en la pobreza. Cuando hemos sido capaces de encontrar a Jesús en estos lugares y vivir ahí la amistad que tenemos con Él, seguramente estaremos participando con Él en el Reino. ¡Qué diríamos! Al participar con Él en esos sitios tan “exclusivos”, tan condenados y tan cerrados, ya estamos participando del Reino porque estamos viviendo con Jesús.

Lo sorprendente que nos ofrece esta parábola es esa especie de dualidad que se percibe en los que insistentemente tocan la puerta, aseguran conocerlo pero no lo han descubierto y esto queda plenamente confirmado en la acusación que hace Jesús: “Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal”. Está completamente en contradicción ser seguidor de Jesús, decirse su discípulo y hacer el mal. Quizás la más grave acusación que se nos ha hecho como católicos es que vivimos en complicidad con la injusticia, con la mentira y con el pecado.

Las otras agresiones que brotan de predicar y vivir el Evangelio ni siquiera tendríamos que tenerlas en cuenta. Lo grave es que podría ser verdad que nos decimos católicos y seguidores de Jesús y estamos obrando mal. Mientras el Evangelio gana espacios en quienes buscan la justicia y la verdad, nosotros podemos quedarnos fuera por no ser coherentes con nuestro seguimiento de Jesús.  ¿Qué le respondemos nosotros al Señor en este día?







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