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Homilia del 30 de Octubre 2018

Dichoso el que teme al Señor
No tengamos miedo seguir el ejemplo de Jesús: construyamos siempre, en el anonimato, en el servicio


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Efesios 5, 21-33: "Este es un gran misterio y yo lo refiero a Cristo y a su Iglesia"

Salmo 127: "Dichoso el que teme al Señor"

San Lucas 13, 18-21: "Creció la semilla y se convirtió en un arbusto"

 

Me ha sorprendido en las intervenciones de los participantes en el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la insistencia en abandonar posturas triunfalistas y de superioridad, para asumir humildemente nuestra pobreza y pequeñez a la hora de vivir y predicar el Evangelio.



En muchos países se vive la fe en medio de grandes dificultades, como minoría y vistos con desprecio y hasta con burla. En la católica Europa se ha desatado una actitud crítica y cuestionante ante todo lo que huela a jerarquía, a autoritarismo y a dogmas. ¿Cómo podemos vivir ahora nuestra fe y cómo podemos anunciarla, si parecería que debiéramos escondernos a vivirla en el silencio y la oscuridad? La respuesta la tenemos en la misma actitud de Cristo y en sus enseñanzas. Muy a pesar de que en los relatos evangélicos con frecuencia se hable de multitudes, del éxito de los milagros, podemos intuir que aquella nueva doctrina que desenmascaraba las injusticias, que criticaba las leyes rígidas y las intransigencias, que ponía al descubierto las hipocresías, no tendría ni tantos seguidores, ni un camino tan lleno de éxitos y de tranquilidad. Pero a Jesús lo que le importa es la vida interior, aunque parezca insignificante y pequeña.

A Jesús lo que le preocupa es su mensaje de amor, aunque se vaya sembrando en lo pequeño, entre espinas y dificultades. Los ejemplos que utiliza brotan de la vida diaria, tan despreciada por los poderosos. Pero allí en lo pequeño, en la oscuridad de la semilla escondida, en la plantita que brota pequeña y débil, en la levadura que se pierde entre toda la masa, encuentra Jesús la mejor comparación para describirnos su Reino. No es de mucho ruido pero sí de mucha profundidad, no es de alardes sino de servicio que se pierde en medio de toda la masa. Requiere esa constante entrega de un día sí y otro también. Exige la donación para poder dar fruto.

A nosotros nos gustan más los éxitos rimbombantes y los platillos sonoros, a Jesús le gusta el silencio, la entrega, la donación. Se construye más colocando un granito en la edificación, que haciendo el ruido estrepitoso de la destrucción. Y esto a los jóvenes los emociona y los reta. No tengamos miedo seguir el  ejemplo de Jesús: construyamos siempre, en el anonimato, en el servicio, siempre con Jesús.

 

 



 

 





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