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Homilia del 29 de Octubre 2018

Dichoso el hombre que confía en el Señor
El modelo siempre es Jesús.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Efesios 4, 32-5,8: "Vivan amando como Cristo"

Salmo 1: "Dichoso el hombre que confía en el Señor"

San Lucas 13, 10-17: "¿No era bueno desatar a esta hija de Abraham de esa atadura, aun en día de sábado?"

San Pablo aparece en su carta a los Efesios muy preocupado por las relaciones cotidianas tanto de los grupos como de las familias. Sus recomendaciones parecen muy sencillas, pero muy prácticas y objetivas. ¿Quién no necesita en el trato diario tener paciencia y comprensión? ¿A quién no le hace falta perdonar y pedir perdón? Se ha hablado mucho de que ahora el mundo entero es una comunidad global, pero se ha insistido menos en que cada pequeña comunidad ahora encierra la pluralidad que encontramos en todo el mundo. Aun en una pequeña familia, no hay ahora la uniformidad que sustentaba las familias tradicionales, ya el hijo está pensando y soñando un futuro muy distinto al que soñaron sus padres, la esposa tiene diferentes criterios y posibilidades a las del marido...

Una pluralidad dentro de la familia, y ya no se diga en las comunidades y en la sociedad o en las grandes ciudades. ¿Cómo hacerse hermano del que es diferente? Son muy válidas las palabras de San Pablo: "vivan amando como Cristo que nos amó y se entregó por nosotros". El modelo siempre es Jesús. Por eso lo encontramos enfrentándose abiertamente al jefe de la sinagoga cuando se escandaliza de la curación que ha hecho en sábado. Más allá de las leyes y de las distinciones, está la primordial ley del amor. Más allá de las divisiones y de las distinciones está la misericordia de un Padre que ama a todos sus hijos aunque cada uno de ellos sea diferente.



Si logramos descubrir detrás de cada rostro a un hermano, las posibilidades de relación entre los diferentes se abrirán como un abanico de enriquecimiento y no de enfrentamiento. Siempre siguiendo el ejemplo de Jesús, aun en nuestros días tan complicados y nebulosos, encontraremos la belleza de construir comunidad con los que estaban lejanos; la alegría de descubrir en el rostro del que es distinto, a un hermano; y la seguridad de que estamos formando una familia con miembros muy distintos, pero todos hijos de un mismo Padre que nos ama por igual, en plenitud y sin distinciones.

 





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