Menu


Heridos por la soledad, la indiferencia y la fragilidad familiar.
Se han olvidado de valores como Amor, Responsabilidad y Respeto.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net



La más grande e importante responsabilidad ante Dios, ante la sociedad y ante nuestros propios hijos, hoy la hemos olvidado, nos hemos vuelto indiferentes o al menos minimizado y restado importancia a la formación de nuestros hijos sobre estas bases muy importantes como: el Amor,  la obediencia, la gratitud, el respeto, la libertad y la  responsabilidad.                 

 

Y esto, como todo en la vida, tiene consecuencias y ahora mismo nos damos cuenta que el olvido, minimizar o restar importancia a estos valores elementales que no pertenecen al pasado, que no son moda anticuada, está llevando a muchos hijos, niños y adolescentes, principalmente a la violencia, al vandalismo, a la delincuencia, y que todo esto lo consideren ellos falsamente como un “modo de vida”, llegan a pensar que es “normal” y que así es la forma de desahogar y exteriorizar las frustraciones y conflictos familiares, para llenar el vacío de amor, apoyo y estimulo paterno, agrediendo a la sociedad, buscando malas compañías para delinquir en grupo y así llamar la atención y externar su inestabilidad emocional, su ansiedad existencial y moral, heridos por la soledad y la fragilidad familiar

 

Estos valores humanos, son universales, sin importar credos y tienen vigencia en el ayer, en el hoy y en el mañana, porque son parte del ser humano y de la sana convivencia; estos valores serán siempre los mismos. Y la familia es la única responsable de transmitirlos a todas las generaciones.



 

Pero si la familia, les resta importancia, los minimiza…o lo que es peor, los modifica a conveniencia… entonces las consecuencias saltan a la vista. Es necesario retomar esa responsabilidad para poder ayudar, orientar y guiar a la actual generación y así también formar a las generaciones que vendrán después de nosotros. “No somos conscientes del daño que podemos hacer al niño”, sostiene Silvia Álava, especialista en Psicología Educativa y Familiar

 

Hacer del Amor un modo de vida

En la mayoría de las veces creemos que el amor es algo que cada uno de nuestros hijos irá descubriendo poco a poco a medida que vaya creciendo. San Francisco de Sales, nos enseña algo muy importante para la enseñanza del amor: “No sólo amar a los demás, sino que los demás sientan y se den cuenta que sí los amamos”.



Los hijos tienen que aprender a ver el amor. Tenemos que orientar y ayudar que entender que el verdadero amor no es pasión desbordada y fugaz concentrada solo en deseo egoísta, y en solo placer, en medio, en los sentidos muy afectados por la adrenalina al estar haciendo algo prohibido. La sexualidad no solo es algo fisiológico sino la totalidad del ser humano. Considerando toda la persona: su espiritualidad, sus valores, sus emociones, sus pensamientos, su contexto social, económico, familiar y obviamente su cuerpo y su salud”. “Debe ser una educación para el amor,  El amor lo aprenderá por la veces que los padres se lo digamos, el amor tenemos que enseñarlo. Tenemos que enseñarles a amarse a sí mismos y también amar a los demás, y que además sepan como demostrarlo. La salud afectiva se enseña y nuestros hijos deben aprenderla, y esto desde los primeros meses de vida. Educación sexual, pero libre de ideologías como la ideología del género

¿Cuántos de nosotros exigimos amor, pero no sabemos cómo amar a los demás? El amor se demuestra respetando, obedeciendo, siendo agradecidos y tolerantes, también corrigiendo para bien. El amor se demuestra perdonando, con un abrazo sincero y un beso sano. Los hijos poco creen en el amor porque los padres lo hemos distorsionado con el ejemplo, con la violencia y la agresividad.

No hay que olvidar el interés de bienestar por los demás,  de esta manera se expresa  y se hace sentir el amor no solo con palabras sino con hechos, y además es una forma de enseñar el amor y la forma de amar a los demás. Todo esto debe comenzar y vivir desde la familia

El verdadero amor, que tanta falta hace en los hogares, requiere de dar ejemplo de sacrificio para beneficiar a muchas personas que necesitan de nuestro amor. Porque el amor no sólo es recibir, el amor se satisface al dar y ver el bien que podemos hacer a los  demás no solo buscar ser amados. El amor no es abundancia de bienes y estabilidad económica. El verdadero amor es el que da sentido a la vida. Vivir con soberbia, egoísmo y envidia es no saber vivir. .El odio y el rencor son veneno letal para quienes viven con ellos en lugar del amor.

 

 

Ser agradecidos

La gratitud es una virtud. “Es de buen nacido ser agradecido”. Muchas veces nos olvidamos de este dicho popular que es una gran verdad,” (La mente es maravillosa). Como padres tenemos que sembrar en cada uno de nuestros hijos  la disposición habitual para hacer el bien. Esa es una virtud.

 

Tenemos que enseñar a los niños, adolescentes y jóvenes, a ser agradecidos con Dios, por la vida, por la salud, por el alimento, por el trabajo. Tenemos que enseñar la gratitud como parte de la formación humana, ser recíprocos, a no ser soberbios y solo pensar que todo lo merecemos y que los demás tienen la obligación de servirnos y poner todo a nuestro alcance. Debemos vivir la gratitud por el esfuerzo que muchas personas hacen para proporcionarnos los medios para alcanzar nuestras metas y objetivos. No solo usar a los demás. Tenemos que vivir conscientes que tenemos el deber de corresponder siempre a los demás cuando nos necesiten, por gratitud y por educación. Evitemos formar seres egoístas y convenencieros que  solo actúan para su propio beneficio utilizando y desechando a los demás cuando dejan de serles útiles (utilitarismo).

 

Respeto y obediencia.

No por sumisión, sino por amor y por gratitud. A Quien nos creo, nos da la vida y a quien nos engendro. El respeto y la obediencia no tienen tiempo límite, practicar ambos valores es la mejor y auténtica muestra de amor,  de agradecimiento y buena formación.

Todo ser viviente, todo ser humano, sin importar sexo, credo, posición social y cultural, debe ser sujeto, merecedor al respeto y consideración, por su dignidad

 

Responsabilidad y razón

¿Cómo enseñas  a tus hijos a ser responsables? Para que nuestros hijos adquieran el sentido de la responsabilidad antes tenemos que enseñarles a usar la razón. Hay que convencer a base de dialogo, de confianza mutua, de comunicación y de ejemplo, no de imposición o agresión. No olvidemos que la libertad es un don precioso, pero en manos inexpertas es una bomba de tiempo.

Uno de los mayores retos que tienen los padres es lograr que sus hijos sean responsables de sus actos y pertenencias por propia razón (conocimiento y consentimiento). Los autores del libro “Cómo enseñar a su hijo a ser responsable” aseguran que los niños a quienes no se les dan deberes en el hogar desde la primera infancia, carecerán de habilidad para organizarse, para fijarse objetivos y llevar a cabo tareas complejas a lo largo de su infancia y adolescencia.  

La responsabilidad es una de las virtudes más significativas en el desarrollo humano; gracias a ésta la persona asume el control de su propia vida, pero para que esto se logre, los padres deben fomentarla en sus hijos desde los primeros meses.

Es necesario establecer  límites. Si los niños no saben qué esperan sus padres de ellos, o no saben cuáles son sus deberes, no podrán educarse en el valor de la responsabilidad. Los padres no sólo deben establecer normas de la manera adecuada según la edad de cada niño, sino explicarles cuáles son las consecuencias por no cumplirlas.

¡Importante! Una de las formas de minimizar la autoridad paterna, es no hacer respetar las normas y límites los padres deben cumplirlas y hacerlas cumplir (congruencia). Normas claras, directas y puntuales, firmes, pero sin violencia o agresión.. “La ausencia de autoridad de los padres, es decir, la ausencia de normas, de límites, de acciones que deben ejecutar, desconcierta a los hijos.

 

Como parte de la formación no sólo hay que enfatizar obsesivamente los derechos de uno mismo, sino también considerar los derechos de los demás. No olvidemos que los derechos de la persona tienen como límite los derechos del próximo.

 

"El secreto de la felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo.” (André Gide). Formar en el valor del esfuerzo es uno de los mejores regalos que los padres les pueden dar a sus hijos, pues así les están preparando para que sean adultos exitosos y felices. Los hijos deben aprender a ser constantes, puntuales, perseverantes y exitosos, esa será la mejor herencia que se les puede dejar para que se abran camino en la vida.

 

¿Tus hijos aprenden de ti la verdadera libertad o se deforman en el libertinaje fuera de la familia? La libertad, no es hacer lo que le venga a uno en gana y sin límites. La verdadera libertad es para crecer en todo lo que le ayude a uno a ser mejor persona, mejor ser humano, mejor católico cristiano, mejor hijo, mejor papá o mamá.

Para ser libre, primero hay que ser responsable con uno mismo y con los demás.

Todos seremos dueños de nuestra propia vida en cuanto maduremos, seamos responsables y verdaderamente libres de la esclavitud de la soberbia y del egoísmo que nos están llevando a pensar solo en sí mismos sin importar los demás. La verdadera libertad es decisión madura y responsable, es la capacidad del ser humano de obrar o no obrar y porque debe ser responsable de sus actos.

Es la capacidad de poder decidir con conocimiento y consentimiento, es actuar con razón y no solo por impulso o capricho, esa es la verdadera libertad. El libertinaje es: Perversión, depravación, desenfreno, inmoralidad vicio o corrupción, vivir todos los excesos, vivir sin ningún límite preocupados en reinar individualmente, desde sus más bajos instintos, desde la ignorancia de los valores humanos. La libertad es un derecho humano, el libertinaje es abuso de la libertad.

La verdadera liberación es sustraerse a la manipulación, no convertirse en un producto, sino ser un una persona con convicción y verdadero sentido de superación. Tenemos que aspirar a algo mucho más valioso y benéfico en lo personal, familiar y social. Tenemos que romper los modelos que marca “la moda” y el libertinaje disfrazado de autenticidad.

 

El mayor don que recibimos de Dios es la libertad, por eso, es necesario enseñar a los hijos a usarla bien para que sean felices. La felicidad o la infelicidad son el fruto de nuestras buenas o malas acciones  y decisiones.
 

           

           





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!