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Homilia del 3 de Octubre 2018

Te seguiré a dondequiera que vayas
¿Queremos seguirlo? ¡Vale la pena!


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Job 9, 1-12. 14-16: “El hombre no puede hacer triunfar su causa contra Dios”

Salmo 87: “Señor, llegue hasta ti mi súplica”

San Lucas 9, 57-62: “Te seguiré a dondequiera que vayas”

 

Escuchar el llamado de Jesús puede resultar fascinante. Oír su voz que nos convoca y nos llama, nos mueve, en medio de ilusiones y esperanzas, a seguirlo para construir un mundo nuevo. Pero Jesús está camino hacia Jerusalén, un camino lleno de controversias, de dificultades y de problemas. Así que Jesús, a aquellos valientes que se quieren aventurar en su seguimiento, les deja los puntos bien claros. Seguir a Jesús es cosa de valientes.



Se requiere valentía para dejar “el nido” de nuestras posiciones, de nuestras seguridades, y aventurarnos en un nuevo proyecto. Más de alguno ha fracasado en su intento porque lo atan la comodidad, aunque tenga que decir mentiras; el placer, aunque este viviendo con hipocresías; y la ambición que le oprime el corazón. Jesús no tiene donde reclinar la cabeza.

Algunos otros se quieren aventurar pero están acostumbrados, demasiado acostumbrados, al ambiente de la familia. Y vaya que Cristo reconoce y quiere la familia, pero eso de enterrar a los muertos puede tener muchos significados. Hay fardos que vamos cargando, “nuestros muertos”, y que no nos dejan actuar. Hay situaciones de muerte que siempre nos condicionan.

Hay sobre todo una cultura de muerte que se opone a la vida. No podemos cargar con todo esto en el seguimiento de Cristo. Necesitamos ser completamente libres. Por eso Cristo dice “deja que los muertos entierren a sus muertos”. Quizás el tercer ejemplo que nos pone Jesús, también sin despreciar a la familia, nos cuestione de una manera muy especial: seguir a Jesús implica una decisión radical. Como dicen en nuestras comunidades: “no es un juego”. Es una decisión radical que implica no volver atrás. Y en nuestro mundo no estamos acostumbrados a estas decisiones.

Siempre estamos jugando a dos cartas y estamos atentos a dónde sopla el viento para buscar mejores oportunidades. Jesús exige decisión, constancia y fidelidad. Esto lo presenta desde sus inicios. ¿Queremos seguirlo? ¿Estamos dispuestos a cumplir sus exigencias? ¡Vale la pena, nos sigue invitando!

 







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