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Homilia del 2 de Octubre 2018

Sus ángeles ven el rostro de mi Padre
El ángel de la guarda, es una bella forma de sentir la presencia de Dios en nuestra vida y


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Santos Ángeles Custodios

Job 3, 1-3. 11. 16. 12-15. 20-23: “¿Para qué dar la luz de la vida a un miserable?”
Salmo 87: “Señor, presta oído a mi clamor”

San Mateo 18, 1-5. 10: “Sus ángeles en el cielo ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo”

 

¿Quién no recuerda las oraciones infantiles, dirigidas por nuestra madre, encomendándonos al ángel de la guarda? ¿Quién no ha sentido la necesidad de protección y de cuidados en los momentos más difíciles de nuestro peregrinar, y volteamos angustiados buscando algún refugio? Basta leer el pasaje que nos presenta hoy Job para comprender que nuestra vida está llena de dolor, de incomprensiones y de dudas. Job se atreve hasta maldecir el día en que nació y a renegar de la vida que está llevando. Conocemos más su santa paciencia que le hace exclamar: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó, ¡Bendito sea el Señor!”.  Pero hay otros pasajes, que en general son menos conocidos, donde explota en dolor con gritos de desesperación.



“Los ángeles”  o “el ángel de la guarda”, es una bella forma de sentir la presencia de Dios en nuestra vida y acogernos a su providencia sobre todo en los momentos difíciles. El hombre no está en un torbellino de maldad, perdido sin esperanza. Dios acude de muchas formas a su encuentro.

En la historia de la salvación se hace presente Dios ante el hombre por medio de sus ángeles y la gran promesa al pueblo de Israel asegura que “te precederá mi ángel”, confirmando la presencia de Dios junto al caminar de su pueblo. Hoy se hace mofa de ángeles y diablillos que nos susurran al oído lo bueno o lo malo, y se presenta como más interesante y mejor, la maldad aconsejada por el diablillo. No debemos caer en estas trampas de olvidarnos de la presencia de Dios y sentir siempre su amor en todos los momentos de nuestra vida, aún en los más difíciles, como la enfermedad o la injusticia. Dios está con nosotros y escucha nuestro clamor;

Dios da sentido a nuestros esfuerzos y recompensa nuestras fatigas; Dios nos sostiene y nos anima en todo momento. Que hoy al contemplar a los ángeles de la guarda que alaban a Dios y nos recuerdan su amor, experimentemos su protección y su ayuda.

 

 



 





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