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Homilia del 1 de Octubre 2018

Señor, escucha nuestra súplica
Es más feliz quien más comparte


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Santa Teresa del Niño Jesús

Job 1, 6-22: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del Señor!”

Salmo 16: “Señor, escucha nuestra súplica”

San Lucas 9, 46-50: “El más pequeño entre ustedes, ése es el más grande”

 



Nosotros siempre estamos buscando grandezas. Es más, nos educaron para ocupar los primeros puestos, para luchar por los primeros lugares, para no tener miedo a la competencia, para sobrevivir a la lucha… y así, en nuestro corazón siempre tenemos el anhelo de ser los mejores, de ser los primeros y nunca dejarnos de nadie. Pero ahora estamos mirando los resultados: sangrientos combates entre los narcotraficantes por adueñarse de los mejores espacios; mentiras, descalificaciones y corrupción entre los servidores con tal de alcanzar los primeros puestos; una carrera desenfrenada en todos los lugares por no dejarse de nadie, y una frustración grande de una inmensa mayoría porque no todos pueden ser los primeros. Corrupción, mentira, competencia, nos dejan siempre cansados y hastiados… No sacian nuestro corazón.

Lo sabe Jesús y sus propuestas, que parecerían descabelladas en este mundo de competencia, encierran la gran sabiduría para encontrar la felicidad. ¿No hemos contemplado la felicidad de un niño jugando con cualquier basura, con una flor o con unos palitos? Eso mientras no entra en su corazón la ambición, la competencia o la envidia. ¿Acaso no hemos visto la seguridad del bebé en los brazos de su madre aunque haya tormentas y peligros? Porque se abandona confiadamente al amor.

No es extraño pues que Jesús nos ponga de ejemplo para alcanzar la felicidad, a un niño. Nosotros “ya nos hemos educado” para las desconfianzas y las competencias, ya sabemos de envidias y recelos. Dejemos a un lado todas esas ambiciones y pongámonos en los brazos de Dios Padre que nos cuida y nos protege.

Ya mucho daño se ha hecho en el mundo con esas luchas fratricidas por los primeros lugares, descubramos ahora la alegría del servicio. Cristo no nos dice que seamos conformistas o indiferentes, Cristo nos dice que el poder, el dinero y la ambición, no nos darán felicidad, que busquemos la felicidad donde realmente la podremos encontrar.

Es más, las frases con que termina este pequeño pasaje, nos muestran a los discípulos celosos y enojados porque otros tienen poderes que ellos juzgaban propios. Y Jesús nos enseña que es más feliz quien más comparte, no quien más acumula; es más feliz quien une, no quien divide; es más feliz quien da luz, no quien apaga la luz de los demás.



 

 

 





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