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¿Cuál es tu Nube?
Nube cuyo significado es la presencia de Dios.


Por: Marlene Yañez Bittner | Fuente: Catholic.Net



Seguimos modas y tendencias en distintas áreas: en el vestuario, la vivienda, los estilos de vida,  las tecnologías, los estudios, los pasatiempos, los deportes, etc. Somos verdaderos seguidores de las masas no sólo porque todo lo que es nuevo supone curiosidad y deseo de obtenerlo, sino también, porque si no sincronizamos con la “moda”, nos mostramos algo así como “obsoletos”. De una u otra forma, nos vamos envolviendo de aquello, aunque pueda no ser nuestro mayor interés.

En la vida, se nos presentan distintas alternativas y debemos discernir entre lo que viene de Dios y lo que viene del mundo. El Señor nos comunica constantemente su voluntad; a veces de una manera clara y otras algo más difusa. Lo cierto es que sólo a veces nos percatamos de que Dios nos habla.

En muchos pasajes bíblicos se hace mención del concepto de la “nube”, cuyo significado es la presencia de Dios y su gloria, en poder o en suavidad, en sombra o en luz según sea como “ira” o como “ternura y protección”, pero siempre como “amor y justicia”.

Dios se manifiesta verdaderamente en la nube (Génesis 9,3), es uno de los rasgos característicos de la historia del Éxodo, cuando el Señor sacó a Israel de Egipto: “La columna de nube” y la “columna de fuego” sirven para indicar el camino (Éxodo 13,21). Así como también, en el momento del paso del mar se interpone entre Israel y el enemigo, para proteger al pueblo y aterrorizar al perseguidor (Éxodo 14,19).

Dios no esperaba que los israelitas sobrevivieran sin su intervención en el desierto, así como tampoco nos pide a nosotros que actuemos sin su ayuda para lograr nuestra misión en este mundo.



Sin embargo, ¿sabemos identificar nuestra Nube? O más precisamente, si la hemos identificado, ¿nos dejamos verdaderamente guiar por ella confiados en que realmente proviene de Dios? El Señor nos habla:

“No temas, porque yo estoy contigo, no te inquietes, porque yo soy tu Dios; yo te fortalezco” (Isaías 41,10).

“El Señor irá delante de ti; él estará contigo, no te dejará ni te abandonará; no temas ni te desanimes”. (Deuteronomio 31,8).

 “Mi Dios, a su vez, proveerá a todas sus necesidades, según su inmensa riqueza en Cristo Jesús.” (Filipenses 4,19).

Pues es más fácil distinguir las modas y tendencias sociales, que los medios por los cuales Dios no habla y terminamos siguiendo las distracciones del “mundo” y no nuestra Nube.



El mismo afán de cada día puede conducirnos a la ceguera, pues tenemos una serie de asuntos mundanos que debemos atender, imaginando que el mundo se paralizará si no lo hacemos. Nos preocupamos hasta el último de los detalles, pero el tiempo para encontrarnos con Dios, cada vez es más escaso. Ya no se alcanza a orar en familia, ya no hay tiempo para asistir a la Eucaristía Dominical, ni pensar en invertir una hora a la semana en Adoración Eucarística. La oración personal es rápida, corta y desconcentrada.

Qué práctica tan inapropiada, pues es justamente cuando dedicamos tiempo para pasar con Dios, que logramos escuchar su palabra y lo que Él espera en nosotros. Dios no se equivoca jamás. Sus designios son perfectos, su plan individual para nosotros es maravilloso y nos conducirá a la felicidad en este mundo.

“Llámame y te responderé; te mostraré cosas grandes y secretas que tú ignoras.” (Jeremías 33,3).

Entonces… la solución está al alcance de todos. Dediquémosle más tiempo al Señor, encontremos nuestra propia nube y veremos cómo nuestras vidas se irán transformando, siempre confiados en que la voluntad del Padre es la senda que nos llevará a su Reino.

“El tiempo transcurrido en glorificar a Dios y en cuidar la salud del alma, no será nunca tiempo perdido” (Padre Pío).





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