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Buscar el bien común
El Papa anima a Lituania a albergar sus diferencias y trabajar por el bien común


Por: Sofía Lobos | Fuente: Vatican News



«Es motivo de alegría y esperanza comenzar esta peregrinación por los Países Bálticos en tierra lituana que, como le gustaba llamar a san Juan Pablo II, "es testimonio silencioso de un amor apasionado por la libertad religiosa"»

con estas palabras el Papa Fracisco inició el primer discurso del XXV Viaje Apostólico de su Pontificado, que se desarrolla del 22 al 25 de septiembre.

La cita tuvo lugar en el Palacio presidencial de Vilna, la capital lituana, en un encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, con motivo de los 100 años de la declaración de independencia de esta nación y también la de sus dos países vecinos, Letonia y Estonia; tierras que el Sucesor de Pedro visitará en los próximos días.

Un siglo de pruebas y sufrimientos

Tras agradecer el saludo de la presidenta, Dalia Grybauskaite, el Santo Padre dirigió a los presentes unas emotivas palabras profundizando sobre las múltiples pruebas y sufrimientos que han tenido que sobrellevar a lo largo de un siglo, tales como detenciones, deportaciones, incluso el martirio.

Discurso del Papa a las autoridades de Lituania



 

"Celebrar los cien años de libertad significa detenerse un poco en el tiempo, recuperar la memoria de lo vivido para tomar contacto con todo aquello que los ha forjado como nación y encontrar allí las claves que les permitan mirar los desafíos presentes, y proyectarse hacia el futuro”- dijo Francisco- y todo ello manteniendo un clima de diálogo y de unidad con cada uno de sus habitantes, “de manera que nadie quede excluido”.
Conservar el alma de la nación

El Pontífice hizo hincapié en que cada generación está llamada a hacer suyas las luchas y los logros pasados y honrar en su presente la memoria de sus mayores.

«No sabemos cómo será el mañana; lo que sí sabemos es que a cada época le corresponde conservar el “alma” que la construyó y ayudó a transformar toda situación de dolor e injusticia en oportunidad» -añadió- destacando que este pueblo tiene un “alma” fuerte que le permitió resistir y construir, tal y como dice el propio himno nacional: «Que tus hijos desde el pasado extraigan fortaleza» para mirar el presente con valentía.
Recuperar la raíz de su propia esencia

Y en alusión a la historia contemporánea de Lituania, “país que supo hospedar, acoger y recibir pueblos de diversas etnias y religiones y vivir en paz hasta que llegaron las ideologías totalitarias que sembraron violencia y desconfianza”, el Obispo de Roma exhortó a recuperar la raíz de su propia esencia como pueblo: “mantener siempre vivo lo más auténtico y original que vive en ustedes y que les ha permitido crecer y no sucumbir como nación: la tolerancia, la hospitalidad, el respeto y la solidaridad”.



Por otra parte, el Papa aseguró que mirando el escenario mundial que nos toca vivir, en el que crecen las voces que siembran división y enfrentamiento, “ustedes lituanos tienen una palabra autóctona que aportar: albergar las diferencias”.

“Por medio del diálogo, de la apertura y la comprensión estas pueden convertirse en puente de unión entre el oriente y el occidente europeo”- dijo Francisco- subrayando que el sufrimiento de esta nación al experimentar en “carne propia”, los intentos de imponer un modelo único, se convierte en la fortaleza del presente que conduce a trabajar por el bien común.
Buscar el bien común

En este contexto, el Santo Padre citó las palabras de su predecesor Benedicto XVI: «Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. […] Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales» (Carta enc. Caritas in veritate, 7).

Por último, el Pontífice indicó que extraer la fortaleza del pasado es prestar especial atención a los más jóvenes, que no sólo son el futuro, sino el presente de esta nación, siempre y cuando permanezcan unidos a las raíces del pueblo.
Jóvenes, semilla de esperanza

“La Lituania que soñáis se juega en la búsqueda incansable por promover todo tipo de políticas que incentiven la participación activa de los más jóvenes en la sociedad”, dijo el Papa, afirmando que eso será semilla de esperanza, “puesto que portará a un dinamismo en el que el “alma” de este pueblo seguirá gestando hospitalidad: hospitalidad hacia el extranjero, hospitalidad hacia los jóvenes, hacia los ancianos, hacia el pobre, en definitiva, hospitalidad al porvenir”.

Antes de despedirse, el Santo Padre aseguró a toda la nación, “que pueden contar —como hasta ahora— con el esfuerzo y el trabajo mancomunado de la Iglesia católica, para que esta tierra pueda cumplir su vocación de ser puente de comunión y esperanza”.





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