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No hay nada nuevo bajo el sol
El modo de obrar de Jesús, profundamente humano y comprometido con los más pequeños


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Vicente de Paul

Eclesiastés 1, 2-11: “No hay nada nuevo bajo el sol”

Salmo 89: “Tú eres, Señor, nuestro refugio”

San Lucas 9, 7-9: “A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién es entonces éste de quien oigo semejantes cosas?”

 



El modo de obrar de Jesús, profundamente humano y comprometido con los más pequeños, curando males y aliviando penas, suscita la curiosidad de todos, incluso la de Herodes que se comporta como un tirano degenerado. ¿Quién es Jesús? Jesús asume su misión al estilo de los profetas y transmite la palabra de Dios haciendo aparecer la salvación como algo actual, perceptible y cercano a los más necesitados.

Pero como todo profeta, está expuesto a las críticas y a las oposiciones de quienes por el mero hecho de escuchar el Evangelio, se consideran atacados o cuestionados. Herodes está interesado en saber quién es Jesús y anteriormente se había dicho que escuchaba con atención al Bautista, pero esta escucha y este deseo de ver a Jesús, no brotan de un corazón deseoso de la verdad, sino de un corazón preocupado por mirar adversarios en todos los lugares.

Ya ha hecho bastante mal al decapitar a Juan Bautista, pero no se conforma porque está temeroso de que puedan surgir nuevos adversarios y le hace perder la calma. Cuando el corazón se llena de ambición, hasta las más limpias propuestas parecen sospechosas. Lo que le importa a Jesús es el dolor de los enfermos y de los pobres, y no propone la lucha por el poder. Quizás a nosotros también nos pase esto al encontrarnos con Jesús: le tenemos miedo y preferimos descalificar o minimizar  su mensaje. Tendremos que estar dispuestos a que Jesús nos toque, y no andar haciendo comparaciones ni escudándonos en descalificaciones o supuestos peligros.

Este día también para nosotros se presenta Jesús y hace sus prodigios, también para nosotros tiene su mensaje, también a nosotros nos ofrece la verdadera curación. Pero necesitamos quitar todas las protecciones y estar dispuestos a dejarnos “herir” por su amor. Dejar a un lado las sospechas y las dudas, y aventurarnos en su seguimiento. No tener simple curiosidad por conocer su historia, sus milagros, sino dejarnos tocar profundamente por ese amor misericordioso que nos ofrece. Quitemos todo obstáculo y abramos nuestro corazón, sediento y ansioso, al amor de Jesús. Señor, yo quiero encontrarme contigo, permíteme conocerte, amarte y dejarme amar.

 







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