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Redención matrimonial
Si hay alguien que puede redimir nuestro matrimonio, es Dios.


Por: Maleni Grider | Fuente: www.somosrc.mx



El principio de la redención es que Dios repara lo que ya no sirve. Él paga el precio de la libertad del cautivo, sacrifica todo para perdonar nuestros pecados y da dignidad a quien no tiene ninguna.

 

En algunas ocasiones, los matrimonios parecen entrar en una crisis que no tiene solución. La tentación más inmediata es terminar la relación y deshacernos del problema lo antes posible para “ser libres”, “no perder más nuestro tiempo”, “rehacer nuestra vida”, “volver a ser felices”, “salir de una relación tóxica”, etcétera.

Sin embargo, pocas o casi ninguna de estas razones involucra a los niños, ni tampoco responden al convenio indisoluble que hicimos con nuestra pareja y con Dios cuando nos casamos. El gastado y mundano argumento de que ya no amamos a nuestro cónyuge es antibíblico y anticristiano, pues en el contexto bíblico el amor no es un sentimiento frágil, pasajero y sujeto a nuestros cambios individuales.

El amor que Dios diseñó, y del que Cristo nos habló cuando vino a la tierra es un amor a prueba de fuego, un amor fiel, manso, el cual implica perdón, compasión, entrega, fidelidad y sacrificio. Sin este tipo de amor ágape (es decir, amor divino), es probable que no podamos hacer prevalecer nuestro matrimonio. El amor humano no es suficiente. Necesitamos del amor que Dios deposita en nuestros corazones, a fin de ser capaces de amar como Él ama.



Los retos del matrimonio ameritan un amor poderoso como ése.

El amor que Dios nos pide está descrito en 1 Corintios, capítulo 13. Es un amor que es producto de la voluntad, uno decide amar. El amor es un mandato para Dios, no una sugerencia. Jesús nos dijo de manera imperativa “ámense los unos a los otros”. Y la primera persona a la que estamos comprometidos a amar es nuestro cónyuge. Pero a veces sucede que somos más compasivos con otros que con nuestro esposo(a).

Cuando nuestra relación de pareja se lastima o deteriora, nuestra vida se complica y nuestra familia sufre. Es entonces cuando menos tenemos que darnos por vencidos. Es entonces cuando debemos volver nuestra mirada al cielo en busca de la ayuda sobrenatural que sólo Dios puede darnos. Si hay alguien que puede redimir nuestro matrimonio, es Dios.

La relación de pareja es de dos, y lo ideal es que ambos se unan en la búsqueda de esta solución providencial y segura. Pero aun en el caso de que uno de los dos se resista a enfrentar y arreglar la situación, o aunque uno de los dos amenace con irse o divorciarse, todavía nos queda el recurso de la fe, con el cual podemos clamar a Dios por nuestra pareja y nuestros hijos. Él no nos abandonará en el tiempo de la prueba más dura.

Recordemos que el matrimonio es un convenio entre tres personas, el esposo, la esposa y Dios. “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.



 





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