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Homilia del 25 de Septiembre 2018

Enséñame, Señor, a cumplir tu voluntad
Escuchemos la Palabra para tener la vida de la nueva familia.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Proverbios 21, 1-6. 10-13: “A quien cierra sus oídos al pobre, nadie le responderá”

Salmo 118: “Enséñame, Señor, a cumplir tu voluntad”

San Lucas 8, 19-21: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”

 

No se puede entender el  texto, que acabamos de leer, como si Jesús despreciara o condenara la familia, ni siquiera como si no la tuviera en cuenta o que estas sentencias manifestaran poco aprecio hacia su madre María.



Podemos descubrir en estas palabras de Jesús su empeño por crear la nueva familia de Dios no basada ni en la carne ni en la sangre, sino en la palabra, y podríamos decir en la Palabra (con mayúscula) ya que quien escucha esta Palabra y la pone en su corazón, encontrará nuevos hermanos y nueva familia. Sólo el Señor Jesús tiene palabras de vida eterna capaces de crear nuevas relaciones, nuevos lazos y una alegría nueva. La relación entre la Palabra de Dios y esta nueva familia, la alegría y el servicio, se manifiesta claramente en María. Vienen a nosotros las palabras de Isabel: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. María es dichosa porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. Jesús se encarna porque ha habido una mujer sencilla que ha creído la palabra y le ha permitido anidar en su vientre.

Las palabras de este pasaje dan a María una nueva alabanza, no sólo en la elección para ser madre, sino en su escucha y aceptación de la Palabra. Jesús, así, muestra la verdadera grandeza de María, abriendo también para nosotros la posibilidad de esta nueva familia y nueva relación que nace de la acogida y la puesta en práctica de la palabra. Nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra Divina. Gracias a Dios, en los últimos tiempos se ha dado una relevancia especial a la Palabra de Dios, pero para muchos cristianos queda en el olvido, como algo ya sabido… sin embargo la Palabra es dinámica y cada día trae algo nuevo a nuestros oídos y a nuestra vida.

La misma Palabra ofrece nuevas fuentes de reflexión, de consuelo y de esperanza. Es necesario que cada uno de nosotros busque esos espacios propios para escuchar la Palabra en pequeños grupos, en las celebraciones, en los estudios y en la oración personal. Un cristiano sin la palabra de Dios es un árbol seco que no puede dar fruto y amenaza con desplomarse. Escuchemos la Palabra para tener la vida de la nueva familia.

 

 



 





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