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El que quiera ser el primero, que sea el último
Santo Evangelio según San Marcos 9, 30-37. Domingo XXV de Tiempo Ordinario. Ciclo B.


Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Señor, por la vida, por mi familia y por cada uno de los dones que me concedes. Ayúdame a darme cuenta de la grandeza de tu amor por mí y a obrar de acuerdo a aquello que esperas de mí.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a los discípulos. Les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará". Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

Llegaron a Cafarnaún y una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutían por el camino?" Pero ellos se quedaron callados porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos". Después tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: "El que reciba en mi nombre a alguno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado".

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio



Jesús dice que no vino a ser servido sino a servir, y es que todos tenemos una misión, un servicio que cumplir. Ya lo decía Madre Teresa: el que no vive para servir, no sirve para vivir¿Qué es lo que Dios me pide a mí? Si ya he encontrado mi camino debo lanzarme a seguirlo pues a través de él llegaré a Dios. Si todavía no estoy seguro, debo seguir buscando con la seguridad de que hay uno para mí porque Dios no hace nada sin sentido.

En la oración, no debo temer preguntarle a Dios qué me pide, o contarle mis deseos y sueños. Él es un Padre que se interesa por sus hijos y quiere que le hable sobre aquello que me preocupa. Sí, es Dios y lo sabe todo, pero también es Padre y desea que como niño me acerque a Él con confianza y amor.

Estemos bien dispuestos y disponibles para acompañar y recibir a todos y a cada uno, y no nos vayamos convirtiendo en exquisitos expulsivos o por cuestiones de estrechez de miradas o, lo que sería peor, por estar discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante. Cuando nos olvidamos de la misión, cuando perdemos de vista el rostro concreto de nuestros hermanos, nuestra vida se clausura en la búsqueda de los propios intereses y seguridades. Así comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón. Poco a poco queda menos espacio para los demás.
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de junio de 2018).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer una visita a Cristo Eucaristía pidiendo luz para seguir las huellas de Jesús.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 





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