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Profesiones
A los conocimientos técnicos hay que agregarle diversas virtudes.


Por: Maria Luisa Martinez Robles | Fuente: Catholic.Net



Master, licenciaturas, doctorados es la preocupación de muchos en la actualidad.  Sería una estupidez denostar el interés por una buena preparación universitaria. Es condición necesaria pero no suficiente.

Un buen maestro de lengua no es aquel que sabe mucho de esa asignatura, es aquel que se preocupa de enseñar a cada alumno como si fuese el único, con la suficiente psicología para que  aprenda con gusto, se interese por la ortografía y la sintaxis y tenga interés por conocer y saber.

Un buen médico atiende a sus pacientes interesándose por las  inquietudes que genera su dolencia. Seguramente sabrá mucho de medicina pero si no conoce la empatía, no obtendrá buenos resultados.

Un buen comercial no se dedica solo a vender, puede interesarse por las necesidades de sus clientes y ofrecerle el producto que mejor se adapte a ellas. Conseguirá  un cliente incondicional.

Hay personas que estudian  una carrera y se dedican a otra profesión completamente distinta. Si  dan prioridad al esfuerzo, a la honestidad, a la responsabilidad y quieren superarse, eso es lo que verdaderamente importa.



La única profesión que no tiene título, que ninguna universidad del mundo imparte cursos de capacitación es la de madre y es la más difícil. Te reporta muchas  satisfacciones si la ejerces con dedicación, con ganas de superarte. Yo no la cambiaría por ningún “ doctorado cum laude”

Hay un requisito imprescindible: la ausencia total de egoísmo. Si no hay egoísmo, no te importa renunciar a tu tiempo, tus caprichos, tu ocio. Estudias de nuevo, gastas menos, reflexionas más. Todo  lo que hagas por tus hijos te lo devuelve la vida con creces.

No sirve de nada saber mucho si no trasmitimos y aplicamos nuestros conocimientos. Me encanta la frase de Teresa de Calcuta: “ No hay nadie tan ignorante que no pueda enseñarte algo”

No importa la profesión que ejerzamos, el trabajo que realizamos. Todos pueden ser  dignos, pero “Por sus obras les conoceréis”Mateo 7,15-20

Nuestro ejemplo en el trabajo, en casa,  debe ser un fiel reflejo de nuestra fe. El mejor maestro es el ejemplo. No vamos a limitarnos a ir a Misa los domingos y rezar de vez en cuando. Si queremos ser apóstoles de Jesús, debemos imitarle.







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