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Homilia del 13 de Septiembre 2018

Señor, no dejes que me pierda
¿Nosotros somos misericordiosos?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Juan Crisóstomo

I Corintios 8, 1-13: “Haciendo daño a la conciencia de sus hermanos, pecan ustedes contra Cristo”

Salmo 138: “Señor, no dejes que me pierda”

San Lucas 6, 27-38: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso”

 



Ayer concluíamos nuestra reflexión con esta pregunta que a todos nos inquieta: ¿Soy realmente feliz? ¿Se puede ser feliz en esta vida? Como si Jesús escuchara nuestros comentarios, hoy viene a completarnos el cuadro e inicia con algunas cuestiones prácticas como recetas que nos pueden hacer felices y quitarnos ese peso que nos atormenta y nos llena de desgracia. Lo primero que sugiere es el amor a los enemigos.

¿A los enemigos? Sí, precisamente a los enemigos. Ya el amor a los que nos quieren y protegen, nos reporta una cierta felicidad, pero el amor a los que no nos quieren viene a suprimir toda esa angustia que nos produce el rencor, el deseo de venganza y los resentimientos. Nadie puede ser más feliz que quien ama a todas las personas. Entendámonos, no es el amor sentimental, es el amor de decisión.

Y sigue Jesús con una serie de recomendaciones que van todas sustentadas en la generosidad: tratar a los demás como queremos que nos traten (ojo, dice como queremos que nos traten, no como ellos nos tratan), hacer el bien sin esperar recompensa, prestar sin esperar impuestos e intereses, vestir al que tiene necesidad… Bueno, son algunas de las recomendaciones que nos reporta San Lucas y que a Cristo hicieron feliz. Sería más fácil decir: pórtense como Cristo se ha comportado y verán que encuentran la felicidad. Parecería que Jesús quiere resumir todos sus consejos en una afirmación my profunda: “Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso”.

Y entendamos claramente que “misericordioso” no refiere a esa especie de lástima que nos lleva a socorrer y a atender a los demás. Misericordioso quiere decir que siempre y en todo momento ama, que pone su corazón junto a sus hijos. Y lo dice explícitamente: “porque Él es bueno hasta con los malos e ingratos”. Ama porque es Padre y tiene entrañas de misericordia. ¿Nosotros como amamos? ¿Nosotros encontramos en el verdadero amor, la felicidad? ¿Nosotros somos misericordiosos?

 



 

 





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