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Homilia del 12 de Septiembre 2018

Dichosos los pobres
¿Tú eres feliz? ¿Qué te falta para ser feliz?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Dulce Nombre de María

I Corintios 7, 25-31: “¿Estás casado? No te separes de tu esposa. ¿Eres soltero? No te cases?”

Salmo 44: “El rey está prendado de tu belleza”

San Lucas 6, 20-26: “Dichosos los pobres - ¡Ay de ustedes los ricos!”

 



Si todo el Evangelio es buena nueva, hay partes centrales que sustentan toda la vida del discípulo. Las Bienaventuranzas forman ese núcleo que hace diferente la propuesta de Jesús. Mientras San Mateo sitúa esta predicación en un monte queriendo elevar el espíritu y presentar a Jesús como un nuevo Moisés, con una ley nueva y diferente; San Lucas la sitúa en un llano para mostrar a Jesús junto al pueblo, muy cerca de las personas.

Mientras San Mateo nos recuerda hasta ocho o nueve bienaventuranzas, San Lucas presenta solamente cuatro y unidas a los “ayes” o “malaventuranzas”, que ya el profeta Jeremías nos anunciaba desde el Antiguo Testamento. Mientras San Mateo insiste en un aspecto más espiritual y del corazón con un sentido exhortativo, San Lucas nos hace enfrentarnos a la dura realidad de la pobreza, de la miseria, del dolor y del hambre. Conviene tener muy presente a quienes llama Jesús “felices” y de quienes se lamenta porque podemos estar buscando la felicidad inmediata y olvidarnos de lo que Él valora.

Jesús llama “felices y dichosos” a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de la fe. Y se lamenta y dedica sus “ayes”, que algunos llaman maldiciones, a cuatro clases de personas: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que son adulados por el mundo. ¡Qué diferentes son nuestros valores y conceptos! Es muy distinta la ambición y la motivación del hombre actual, o quizás del hombre de todos los tiempos. Y nosotros ¿dónde estamos? ¿Dónde ponemos nuestra felicidad? Jesús desestabiliza la escala de valores que predomina en la sociedad.

Las bienaventuranzas expresan un radical cambio en los valores que la presencia del Reino pide. Es más, son signo de la presencia de ese Reino: proclaman la llegada de las promesas mesiánicas. Quien dice sí a Jesús encuentra el gozo de sentirse amado por Dios y  se hace participante de la historia de la salvación juntamente con los profetas y con el mismo Jesús. Alguien me ha preguntado cómo puede ser feliz una persona siendo pobre. Es difícil responder con teorías. Yo los invito a contemplar a Jesús. Yo creo que Jesús es inmensamente feliz y sin embargo es pobre. Las bienaventuranzas que proclama están íntimamente unidas a su persona y son la manifestación de que se puede ser realmente feliz. ¿Tú eres feliz? ¿Qué te falta para ser feliz? ¿Qué te dice Jesús?







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