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Diplomado en Educación de la Sexualidad y la Afectividad

¿Sexos diferentes o complementarios?
El hombre y la mujer son seres creados para relacionarse


Por: Isabel Ruiloba | Fuente: Catholic.net en colaboración con el Instituto Juan Pablo II



En nuestros tiempos, domina una cultura de lo unisex, en la que se considera que no hay que hablar de diferencias sexuales sino de igualdad. La identidad de género no se acepta como algo dado en la propia naturaleza sino como una característica que es aprendida, y por lo tanto hay que elegir en cierta etapa de la vida si nos sentimos a gusto en un cuerpo de mujer o preferiríamos pasar el resto de la vida en un cuerpo de varón. De hecho, se habla de que existen varios tipos de sexo, los cuales tienen que coincidir para decidir cuál es el sexo por el que me siento más inclinado para asumir la identidad: sexo genético, gonadal, psicológico, aprendido y somático...

Estas ideas, están lejos de ser una descripción de la sexualidad humana, ya que ésta se trata de la cualidad de la persona para ser hombre o mujer. Todo ser humano es un ser sexuado, y esta sexualidad femenina o masculina, imprime todo su ser creando una identidad personal que le da la capacidad de sentir, amar, trabajar, pensar, realizar cierta tarea o sentir hambre.
    
El cuerpo no solo se refiere a los órganos genitales pues todo el es sexuado. Esto está dado desde la división celular en los cromosomas, que van a ser los que van a desarrollar cada célula del cuerpo con su carga genética. La forma del cuerpo, la piel, la voz, la altura, el cutis, la distribución del vello, los caracteres sexuales externos e internos, el timbre de la voz y hasta la función respiratoria, son diversos en el hombre y en la mujer.
    
Es también evidente que el modo de actuar y de reaccionar a los estímulos es también diversa. Se dice que los hombres sueltan y las mujeres retienen. La psicóloga Pilar Sordo en su libro “Viva la diferencia” afirma que los hombres actúan más buscando objetivos y metas, mientras que las mujeres se centran más en los procesos y los detalles. El motor de la vida de las mujeres es lo afectivo. Lord Byron decía: “Para el hombre, el amor es parte de su vida, y para la mujer, la vida entera”.
    
Los varones suelen concentrarse en su trabajo en una sola cosa; las mujeres por su parte son capaces de realizar muchas tareas a la vez, perciben los estímulos más fácilmente y reaccionan a ellos. Por eso se dice que el ser femenino es espontáneo, reactivo; en el masculino predomina la tensión interna, su respuesta a los estímulos es más lenta y puede estarse quieto durante largos periodos, no es tan bullicioso como la mujer. La única sensibilidad más acentuada en el hombre es la erótica.

En cuanto al ritmo de gasto y recuperación de la energía los periodos son breves y numerosos, y el hombre los realiza más lentos y prolongados. Para un hombre no le es difícil encontrar tiempo libre para él mismo. La mujer, por su parte, le cuesta encontrar tiempo para ella.   

En la comunicación el hombre resuelve callando mientras que la mujer resuelve sus conflictos e inquietudes hablando. En el campo emocional la rabia es una característica masculina mientras que la tristeza inunda a la mujer con más facilidad y se le adhiere por más tiempo.

En los sentidos el hombre es mucho más visual que la mujer, mientras que ésta es más sensitiva (auditiva y kinestésica). En cuanto a los sueños a futuro el hombre es más real y concreto y la mujer más idealista. El hombre es más lúdico mientras que la mujer se toma las cosas más a pecho.



El gran desafío es entonces la complementariedad. El hombre y la mujer deben buscar conocer al otro y experimentar las cosas de la manera en la que el otro la esta viviendo. En la medida que cada uno sea capaz de comprender al otro, la diferencia se volverá complementaria.

El hombre y la mujer son seres creados para relacionarse, para que sus diferencias sean orientadas a la comunión, al encuentro de cuerpos mentes y espíritus. Están llamados a la relación, al encuentro con el otro hasta que formar una sola carne.

Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, esto es que en la medida de que formamos esa comunión de personas, nos parecemos más a Dios, pues se forma una comunidad de personas en el amor,  que crea y se hace fecundo.

La cultura de la igualdad de género es entonces completamente inválida, pues estos sencillos argumentos nos llevan a descubrir la riqueza que existe en la sexualidad femenina y masculina. Complementariedad, colaboración, respeto y encuentro son actitudes que nos llevan a descubrir el misterio maravilloso del diseño original de Dios al haber creado al hombre y a la mujer. Honremos con nuestro actuar su proyecto, pues solo de esta manera, alcanzaremos la plenitud.

 



 

 

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