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Homilia del 10 de Septiembre 2018

Condúceme, Señor, por tu camino santo
La enseñanza de Jesús no queda sólo en el pasado, tiene una actualidad muy fuerte en estos días.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Nicolás Tolentino

I Corintios 5, 1-8: “Tiren la antigua levadura, pues Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado”

Salmo 5: “Condúceme, Señor, por tu camino santo”

San Lucas 6, 6-11: “Estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado”

 



Una de las más bellas instituciones del pueblo de Israel era el descanso sabático. Pensemos un momento todo lo significa en una época en que no existen ni los derechos laborales, ni el reconocimiento a los derechos humanos. ¿Cómo convencer a los dueños de los campos y a quienes tienen trabajadores a su servicio de que la persona tiene derecho al descanso? La importancia del sábado a nivel social y de justicia, es muy importante, pero también a nivel religioso, porque da la oportunidad de buscar una relación más cercana con Dios. Basada en los dos principios fundamentales del pueblo de Israel como son la creación y la liberación, obtiene no sólo una gran aceptación sino que es instituida como una de las leyes más importantes.

Parecerse a Dios que labora siempre pero que tiene su espacio de reposo, fortalece la relación familiar y nos concede ese tiempo especial para dedicarlo a la oración, a la alabanza y la convivencia familiar. Además tiene todo ese sentido de justicia porque se ordena que ni siquiera los esclavos realicen trabajos. Pero esta institución nacida para parecernos a Dios creador y liberador, puede perder su significado y torcerse convirtiéndose en cadena y opresión.

Jesús no está en contra del sábado sino en contra de una ley que nacida para dar libertad ahora se convierte en esclavizante. No puede dejar a aquel hombre con su mano tiesa y paralizada solamente por prescripciones farisaicas y miedos sociales. La ley es para hacer el bien y para dar vida, para salvar a la persona no para terminar con ella. Y ordena, a pesar de la oposición de los escribas y fariseos,: “Extiende tu mano”. ¿Qué nos diría hoy Jesús al comprobar que también nosotros tenemos leyes y sistemas que se preocupan más de sus estructuras que de las personas? ¿En qué cosas concretas vemos que se ha perdido el respeto a la persona? La enseñanza de Jesús no queda sólo en el pasado, tiene una actualidad muy fuerte en estos días.

No puede nadie pasar sobre los derechos de la persona, no puede nadie, ni con argumentos políticos ni con argumentos religiosos, destruir a los pequeños y a los débiles. ¿En qué notamos que se prefieren las estructuras a las personas? ¿Nos pasa también a nosotros que miremos más las cosas que a la persona ya sea en la familia, en las instituciones o en la iglesia?

 



 

 

 





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