Menu



Homilia del 29 de Agosto 2018

Dichoso el que teme al Señor
No permitas que nos acostumbremos a las injusticias.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



El martirio de San Juan el Bautista

II Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18: “El que no quiera trabajar, que no coma”

Salmo 127: “Dichoso el que teme al Señor”

San Marcos 6, 17-29: “Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista”

 



Contemplando esta escena del martirio de San Juan, Señor, y contemplando las escenas dolorosas de nuestro pueblo, me pongo a pensar en todo el dolor, la injusticia y la corrupción que estamos sufriendo. ¡Cuántas familias desagarradas por el narcotráfico y sus tentáculos! ¡Cuántos hogares destruidos por la droga! ¡Cuántos hombres y mujeres que padecen injusticias, ataques y condenas!

Los hay que son simplemente víctimas, como alguien decía, “colaterales”, de una guerra manipulada por las ambiciones, por la lucha por el poder, por deseo desenfrenado de dinero.

Cada día amanecemos con la noticia de ejecutados, de desaparecidos, de ajustes de cuentas… Nos asusta, nos sorprende y nos deja estupefactos unos momentos, pero tenemos que seguir la vida. Con precauciones, con miedos y con oraciones continuamos nuestra vida… Pero surgen nuevos acontecimientos, otras víctimas, nuevos lugares de extorción, nuevas amenazas… y lo más triste, es que ya parecen cotidianos y nos hacemos a esa vida. ¿Dónde estás, Señor, en la ejecución de inocentes? ¿Dónde estás cuando se corrompen las estructuras de nuestra sociedad? ¿Dónde cuando la sangre se derrama impunemente y se exhibe como trofeo de guerra? No puedo imaginar que este mundo y este sistema, sean los que tú soñaste para la humanidad, no estoy de acuerdo en esta ley de la selva que nos torna sanguinarios. ¿Tienes fe en el hombre a pesar de tanta maldad?

Ya lo sé, Señor, sé que nosotros hemos degradado a la humanidad, que nosotros la hemos tornado egoísta y dura, que nunca estarás de acuerdo con los crímenes y menos los que se comenten contra personas inocentes.

La sangre clama a ti, no puede quedar en silencio y tú, verdadero y justo juez, darás a cada quien la justa recompensa o el justo castigo. Comprendo que no estás lejos de las víctimas, pues tú mismo fuiste víctima inocente de las ambiciones y las mentiras. Juan Bautista murió defendiendo los ideales, anunciando tu presencia y proclamando la verdad de un amor fiel y misericordioso.



No permitas que nos acostumbremos a las injusticias. Danos el valor y la sabiduría para proclamar, junto con Juan, que es posible vivir en la justicia, que existe el verdadero amor y que Tú estás cerca de nosotros, mucho más cerca de que lo creemos y pensamos. Señor, no nos dejes caer en la tentación del desaliento, de acostumbrarnos al mal o de cometer las injusticias. Danos el valor y la fuerza de tu presencia.

 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!