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Trabajo silencioso y muy valioso
Muchos requisitos son los que se necesitan para colaborar en las tareas del Hogar.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net



Se requiere persona de sexo femenino. Con capacidad de desenvolverse eficientemente en  trabajo a presión y exactitud. Libre de accidentes (no se ofrece seguro médico), excelente sanidad y limpieza, buena presentación y arreglo personal. Capacidad de baby-sitter y canguro. Asesora de tareas escolares, auditora, consultora familiar, psicóloga, enfermera, afanadora, experta en puericultura y dama de compañía.

Coordinadora de eventos, sin gozo de sueldo, pago de tiempo extra, fondo de ahorro, reparto de utilidades, seguro de vida, aguinaldo ni prima vacacional.

El puesto requiere disponibilidad de tiempo completo, desde las primeras horas del día: la responsabilidad de este puesto es: intendencia, servicio de uber, cocinera y lava losa, además de los requerimientos anteriores.

Si esto es una descripción excesiva del puesto y las actitudes requeridas para una ama de casa, preguntémonos ¿Por qué al llegar a casa encontramos, todos los miembros de la familia, un hogar limpio, ordenado, con un toque femenino, y cuando hay  niños o adolescentes, con las tareas escolares concluidas, bañados y listos para la merienda y posteriormente para ir a la cama a descansar para estar listos para el día siguiente?

Ambos (hombre y mujer) no valoramos el trabajo de cada uno. Ambos necesitan: Motivación, reconocimiento, estimulo, apoyo, valoración, sanar heridas. Y cuando ambos trabajan fuera de casa para aportar el sustento, porque no alcanza con el esfuerzo de uno solo, entonces las tareas en el hogar se complican y requieren del esfuerzo de ambos, el extra en casa.



Ciertamente eres trabajador (a), eres responsable. Cumples con tus deberes de sostenimiento, cubres todas las necesidades materiales del hogar (casa, vestido y sustento), eso habla muy bien de ti.

Pero en cuanto puedas colabora con gusto y de buena voluntad e iniciativa en las labores del hogar.

Si tienes una casa con comida caliente, unos hijos ordenados, responsables, respetuoso, estudiosos y con buenos hábitos personales, agradécele a Dios (a tu mamá y a tu esposa), todo eso es una bendición, ¡eres agraciado (a)!

Pero dediquémosle una reflexión más a la persona especial. A la que nos cargo nueve meses en su vientre.

“A la que llora, por miedo, por cansancio, por falta de cariño, por soledad, por angustia.



Por quien cuida de todos, también necesita atención, cuidados, cariño y que la valoren…un beso”  (Meleraokaycomparte)

Tenemos que enseñar y vivir con el corazón lleno de gratitud.

No hay que invocar (desear, vivir) en la maldad, porque el mal viene a nosotros, anida en nuestro corazón, y nos cobra factura, destruyendo nuestra vida, sentimientos, familia y la paz.





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