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Homilia del 23 de Agosto 2018

Crea en mí, Señor, un corazón puro
Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Ezequiel 36, 23-28: “Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo”

Salmo 50: “Crea en mí, Señor, un corazón puro”

San Mateo 22, 1-14: “Conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren”

 

Parábolas, parábolas, parábolas… ejemplos que rompen los esquemas a los que estamos acostumbrados, narraciones que llevan a la exageración las cosas más simples y sencillas, pero que encierran un profundo mensaje que nos cuestiona y nos pone en la verdadera dimensión del Reino.



Una y otra vez Jesús se empeña en presentarnos el Reino de los Cielos como un banquete, porque la comida en común, en fiesta y entre hermanos, es la más bella expresión para quien quiere compartir la vida. En el banquete se come gratuitamente y con alegría, se dialoga y se participa de la felicidad del otro, aumentando la propia felicidad. En esta gratuidad del banquete podría chocarnos la exigencia de este supuesto rey que exige a sus invitados participar del banquete.

Pero entendamos que esta parábola cierra el ciclo de parábolas donde se confronta fuertemente la actitud de los dirigentes del pueblo que se sentían salvados, justificados y los únicos con derecho a la salvación. Así, esta parábola al mismo tiempo que condena a quienes se sienten privilegiados y escogidos, abre el horizonte para los excluidos y marginados de la sociedad. Condena a los que se han adueñado de todo y propone el reino no como una opción secundaria, sino como una prioridad para todo creyente. No se puede rechazar el banquete, porque estamos negando la posibilidad de compartir la alegría y el bienestar de los demás.

La negación puede estar “justificada” por motivos aparentemente verdaderos, pero Jesús descubre en el fondo, el desprecio al Dios verdadero anteponiendo los intereses individuales que llegan hasta maltratar y asesinar a los enviados con la invitación. La apertura a todos los hombres de toda clase social y de todo lugar, resultaría inconcebible para la mentalidad judía, y aún ahora para muchas mentalidades cerradas y miopes, pero es la generosidad de Papá Dios que quiere abrazar en su amor y hacer participar en su banquete a todas las naciones.

Examinémonos si nosotros no estamos cerrando esas puertas del banquete de la vida a otros hermanos, miremos si no estamos rechazando la invitación al Reino, hagámonos conscientes de que el amor de Dios es para todos.

 



 





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