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Homilia del 22 de Agosto 2018

El Señor es mi pastor, nada me faltará
Dios nos ama como un padre.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



Nuestra Señora María Reina

Ezequiel 34, 1-11: “Les arrancaré mis ovejas de la boca y no se las volverán a comer”

Salmo 22: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”

San Mateo 20, 1-16: “¿Vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?”

 



Dicen que la envidia es la tristeza por el bien ajeno, o la alegría por el mal del hermano. Muchos de nuestros grupos y nuestras familias padecen esta cruel enfermedad que destruye, que carcome y no deja crecer.

El ejemplo que hoy nos pone Jesús es muy claro y muy sencillo. Simplemente pongámonos a pensar ¿qué hubiera pasado si el Señor no busca otros trabajadores a horas inoportunas? Seguramente aquellos trabajadores habrían regresado a sus casas contentos por haber obtenido un jornal justo y digno. Pero al mirar a los demás, se llena de amargura su corazón y juzgan injusticia que el propietario pueda ser generoso, que otro con menor esfuerzo alcance el jornal que él logró durante todo un día. Si comprendiéramos la parábola que nos presenta Jesús seguramente nos evitaríamos muchos problemas y dificultades, pues seríamos también más generosos y reconoceríamos la generosidad de Dios.

El compararse con los demás nos torna acomplejados u orgullosos, porque siempre encontraremos a quienes juzgamos que tienen más que nosotros o a quienes tienen menos que nosotros en cualidades, pertenencias o suerte. La envidia deja al descubierto las verdaderas ambiciones. La parábola nos muestra dos formas de relaciones tanto entre los hombres como con Dios. Una la relación mercantil o patronal, donde miramos a los demás y al mismo Dios como comerciantes que deben responder y corresponder a lo que nosotros aportamos y la otra la relación “familiar, de amistad o de amor” que se basa en el cariño que hay entre las personas y sobre todo en la generosidad que Dios tiene con nosotros.

Es como un papá que no duda en conceder un poco más al hijo más débil, al enfermizo, al que tiene más problemas y con esto no comete ninguna injusticia porque todo lo que está dando es generosidad y donación. Así nos enseña Jesús que Dios no es un patrón, sino un papá que nos está dando gratuitamente lo que tenemos y que no hay mérito de nuestra parte para que podamos merecerlo. Por otra parte, el llamado del Señor a construir en su Reino nunca termina y no por haber llegado más pronto tenemos más méritos.

 



 





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