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Homilia del 16 de Agosto 2018

El Señor es mi Dios y salvador
Hoy pedimos al Señor por nuestras familias


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato | Fuente: Catholic.net



San Jacinto de Polonia. San Eusebio

Ezequiel 16, 59-63: “Yo te llené de encantos y tú te prostituiste”

Salmo. Isaías 12: “El Señor es mi Dios y salvador”

San Mateo 19, 3-12: “Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así”

 



Gran polémica ha suscitado en los últimos años el reconocimiento oficial de las relaciones homosexuales como si fueran un matrimonio. Se exige el respeto a la persona y a sus derechos a elegir. Se pretende homologar su relación con la relación matrimonial. Ciertamente tenemos un largo camino que recorrer en el reconocimiento de los derechos de cada persona pero no sólo de los homosexuales, sino de muchos grupos que se encuentran discriminados y que no tienen ninguna seguridad.

Las personas que han decidido unir sus vidas ciertamente tendrán derecho a todas las seguridades como personas y podrán buscar los caminos para obtener seguridad en todos los aspectos de la vida, pero su unión no puede llamarse matrimonio. Nos falta encontrar un sano equilibrio entre los derechos de la persona y el respeto a las instituciones y a la comunidad.  No por dar los derechos de la persona destruyamos a los otros; o por sostener a la comunidad destruyamos la persona. Ya desde los tiempos de Jesús se planteaban muchos de los problemas que ahora nos agobian en torno a la familia: como el divorcio, la infidelidad y aunque, no abiertamente, también se presentaba el problema de la homosexualidad. Jesús nos invita a descubrir las raíces de la persona, el respeto a cada uno de ellos y el respeto a esa institución que sostiene la familia: el matrimonio. 

La creación del hombre y la mujer como imagen de Dios, nos lleva a un profundo respeto de la pareja. No es el hombre solo o la mujer sola, no es el hombre contrapuesto a la mujer, ni la mujer en lucha contra el hombre. Es una complementariedad entre ambos para parecerse a Dios. Muchas veces hemos visto sólo el aspecto utilitario de la familia y nos ha faltado mirar su aspecto de relación de la persona, de misión de amor, de educación y acompañamiento.

Ante las nuevas circunstancias de la sociedad tendremos que descubrir nuevos horizontes que den a la familia posibilidad de realizar su misión. No podemos estar de acuerdo en la facilidad con que se recurre al divorcio y separación como huida de las responsabilidades. Hoy pedimos al Señor por nuestras familias y nos comprometemos seriamente a cuidar y dar vida a nuestras familias.

 







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